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Una cuestión compleja pero sagrada 2 Mayo 2010 El próximo domingo celebraremos la Pascua del Enfermo en las diferentes diócesis y he estado pensando en cuestiones delicadas que querría compartir. Es admirable e indispensable la investigación para prevenir y cuidar enfermedades, con lo cual se quiere ayudar a superar sufrimientos y favorecer el bienestar humano; pero el trabajo científico no tendría que ignorar nunca la vertiente moral. Un ser humano no puede quedar reducido en objeto de experimentación y, por eso, hace falta mantener viva la atención de todas las personas de buena voluntad y promover iniciativas a favor de la dignidad de la persona y de la vida humana, con un respeto absoluto del ser humano, desde la fase embrionaria hasta al fin de su existencia. Además, si la genética muestra que desde el primer instante de nuestra concepción está fijado el programa de aquello que será este ser vivo (una persona, esta persona individual, con sus notas características ya bien determinadas), ¿quién tiene el derecho de dar o sacar el carnet de humanidad a una vida naciente? Hay una cuña radiofónica en la cual un chico con síndrome de Down explica que, según su madre, él es diferente a los otros, una persona especial, porque nadie sonríe como él. Y es muy buena noticia que nuestra sociedad promueva y sostenga múltiples iniciativas en favor de las personas afectadas por situaciones como ésta, que suele calificarse como discapacidad. Down-Lleida, por ejemplo, cumplía hace pocas semanas los 15 años de historia y de servicio precioso. Enhorabuena y Dios haga que aumenten más y más estas iniciativas. Lamentablemente, también le he oído decir públicamente a una Doctora especializada que, en su Hospital, en los últimos tiempos apenas nacen niños con esta particularidad, cosa que tendría que plantear bastantes interrogantes al personal. ¿O no? ¿Pensáis que se puede llamar progreso el hecho de animar, ni que sea tácitamente, la práctica de la selección de los niños que tienen que nacer? Y no hay que hablar de prácticas de eutanasia más o menos encubierta. ¿Es ésta la misma sociedad moderna que declara solemnemente los derechos humanos y defiende y lucha a favor de la igualdad y contra todo tipo de discriminaciones? ¿Cuáles son, pues, los criterios de bondad moral que se tienen en cuenta en unos y en otros casos? No hay ninguna duda que se dan situaciones que contribuyen a debilitar las convicciones morales concernientes al ser humano, y tendríamos que considerar una gran desgracia para nuestra sociedad el hecho de favorecer esta especie de anestesia de las conciencias que no provoca ninguna reacción cuando se descartan vidas humanas. Intentemos contribuir todos a crear opinión en favor de la moralidad necesaria en todo aquello que se refiere a los derechos humanos y a la dignidad de la vida humana. Recordemos, una vez más, que no todo aquello técnicamente posible es moralmente lícito y que las decisiones se tienen que tomar en función del bien de las personas y de toda la sociedad, discerniendo rigurosamente. Recibid el saludo de vuestro hermano obispo, X Joan Piris Frígola Obispo de Lleida |