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Nos hacen falta testimonios 28 Abril 2010 La propuesta vocacional puede tener más efecto cuando va acompañada por un testimonio de calidad de aquellas personas que han dado una respuesta positiva a la llamada del Señor en el ministerio sacerdotal o en la vida consagrada. Eso es lo que viene a decir el Mensaje de Benedicto XVI para la Jornada Mundial de oración por las Vocaciones de este domingo. Realmente la historia de mi vocación (como la de muchos otros) va unida al testimonio de sacerdotes a los cuales he visto vivir con alegría el don total de sí mismo y su generosa entrega de cada día. Y además, no han tenido ningún inconveniente a invitarme en su momento a hacer donación de mi vida en este ministerio. La Jornada Mundial de Oración es hoy una preciosa oportunidad para que los jóvenes (y los no tan jóvenes) reflexionen sobre qué tendrían que hacer de su vida: muchas de nuestras comunidades, y tantas otras por todo el mundo, no tienen un sacerdote a su servicio con disponibilidad suficiente y ni siquiera pueden celebrar la Eucaristía dominical a la que tienen derecho. Por mi parte, quiero pedir hoy a los miembros de la Iglesia de Lleida dos cosas: que intensifiquen la oración por esta intención, de manera confiada y permanente en cada comunidad, porque la vocación al ministerio y a la vida consagrada es un don y tiene que ser fruto del Espíritu que sopla donde quiere (Jn 3,8); pero también que miren si, en conciencia y a la luz de este mismo Espíritu, no tendrían que hacer la propuesta directa y explícita a algún miembro de la propia comunidad, del propio grupo o de la propia familia, para que tomara la decisión bien concreta de entregar su vida en favor de los otros de una manera plena en este servicio ministerial, haciendo en el mundo este don impagable que es presentar a Cristo y su Palabra como el único camino para hacer nueva a la humanidad y, además, posibilitando a tantos la celebración de los Santos Misterios de la Salvación. Como nos dice el Papa, la fecundidad de la propuesta vocacional depende primariamente de la acción gratuita de Dios, pero todos sabemos que Dios se ha valido igual habitualmente de las mediaciones humanas para ir llamando a unos y otros. La Biblia y la historia de la Iglesia muestran de forma abundante cómo esta llama de la llamada ha ido pasando de unos a los otros y como, incluso, algunos de los llamados, después de haber experimentado el gozo de este descubrimiento, han sentido la necesidad de comunicarlo a otro. El mismo Mensaje papal recuerda los casos de Pedro, Juan, Andrés, Natanael, Bartolomé y Felipe, todos ellos discípulos de la primera hora que han ido compartiendo su experiencia de Cristo y respondiendo a la llamada con fidelidad y confianza (Jn 1, 41-45). Recibid el saludo de vuestro hermano obispo, X Joan Piris Frígola Obispo de Lleida |