|
La buena noticia de la misericordia 11 Abril 2010 En el corazón de cada uno hay impulsos muy nobles y también alguna desviación. Incluso de la Iglesia se ha dicho siempre que es una realidad "santa y, a la vez, necesitada de purificación". La verdad es que resulta sospechoso encontrar gente con conciencia de impecables. Desgraciadamente, esta presunta impecabilidad va, a veces, acompañada de una cierta intransigencia hacia los otros. Precisamente, el que mejor caracteriza la vida ministerial de la comunidad de Jesús es la compasión por el sufrimiento, la ayuda a los necesitados y la solicitud por los alejados y menos favorecidos. La Iglesia predica y practica la misericordia de muchas maneras y también la celebra sacramentalmente. Una Iglesia sin misericordia sería inhumana y, ciertamente, no sería la Iglesia de Jesucristo. Sin olvidar que la práctica de la misericordia es tarea de todos sus miembros y no exclusiva de sus organismos especializados. Intencionadamente os he pedido en la Carta Pastoral "Entre todos y para el bien de todos" que procuremos constituir en Lleida una Iglesia "samaritana", demostrando que queremos compartir los gozos y las esperanzas, los llantos y las angustias de las mujeres y hombres de les Terres de Ponent. Hoy hay mucha gente herida por tantos motivos que necesita ver una Iglesia compasiva y misericordiosa. Tenemos que dar esperanza y hacer presente el encargo del Señor repitiendo aquello que Él hizo: ver, acercarse, compadecerse ... y cuidar. Sólo podemos evangelizar amando y esta caridad hecha misericordia es un lenguaje que todos entienden. Los cristianos, por vocación, tenemos el encargo de promover y alimentar experiencias de misericordia que faciliten devolver la confianza y rehacer con benevolencia relaciones rotas. La Iglesia no tiene que ser complaciente con el pecado, pero tampoco puede ser intransigente con los pecadores. Está llamada a ser acogedora con las personas, aunque sus conductas sean contrarias a los parámetros del evangelio. Ciertamente, no puede decir que es blanco aquello que es negro o al contrario. Por fidelidad al Señor y a su Mensaje, por ejemplo, no podrá admitir a los sacramentos a los que no quieren hacer nada para rectificar su conducta pero, por la misma razón de fidelidad, tiene que hacer lo posible para comprender con cabeza y corazón las dificultades reales que pueden tener las personas para rehacer sus situaciones. Habrá que saber acompañarlas pastoralmente con mucho cuidado, y haciéndoles experimentar con hechos que siguen perteneciendo a la comunidad. La misericordia, que no es uno más entre los rasgos que Jesús revela de Dios, es central en el perfil de un seguidor de Jesús y, definitivamente, no es simplemente una de las virtudes morales del cristiano. Ser misericordioso es lo que mejor reproduce el talante de Jesús que no ha venido a juzgar y condenar sino a salvar. Sus palabras y su conducta están llenas de misericordia. Cuidando y eliminando situaciones de sufrimiento físico y moral, devolviendo la dignidad a los excluidos, etc., ha hecho presente aquel Dios que manifiesta su poder ejerciendo la misericordia, cómo dice expresamente la Biblia y la Liturgia de la Iglesia católica. Por eso, encarnar la misericordia en nuestra vida y actividad será el mejor testimonio que podremos dar. Recibid el saludo de vuestro hermano obispo, X Joan Piris Frígola Obispo de Lleida |