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"Ven y sígueme" 21 Marzo 2010 Así de interpeladora es la llamada de Jesús. Respeta siempre la decisión de cada uno y no condicionará nunca la respuesta, pero no hace una simple sugerencia al estilo de una oferta publicitaria, sino una invitación en toda regla que pide cambiar la manera de vivir. Todos los bautizados hemos recibido esta llamada a su seguimiento y a algunos nos llama no tan sólo a ser cristianos, de manera genérica, sino a serlo de una manera bien concreta en una vocación particular. Todos tendríamos que sentirnos más responsables ante esta tarea de ayudar a los jóvenes a descubrir su vocación particular. Más todavía, vistas las circunstancias actuales, lo considero una prioridad en la vida de nuestras parroquias, comunidades, centros educativos y familias cristianas. Hay quien dice que los jóvenes de ahora no quieren profundizar en según qué cosas y que no se dejan interpelar por miedo al compromiso, prefiriendo "nadar y guardar la ropa". Es posible, pero yo pienso que si encontraran más signos de calidad evangélica y radicalidad de vida en los cristianos que conocen, en nosotros mismos, en los clérigos y laicos que tienen cerca, podrían llegar a hacerse preguntas de fondo sobre la propia vocación (PDV 40). Cuando menos, les llamaría la atención y querrían comprender qué hay dentro de aquel hombre y/o de aquella mujer que los hace siempre disponibles a los otros y capaces de vivir compartiendo sus bienes con tanta generosidad, o multiplicándose incondicionalmente y jugándoselo todo en favor de los más frágiles, o amando a fondo perdido y perdonando siempre al estilo de Jesús, o no perdiendo nunca la alegría de vivir, etc. ¿Qué o quién le hace ser y vivir así? Tal vez podrían llegar a experimentar el atractivo de esta opción de vida que llamamos "de especial consagración" y sentirse contagiados hasta identificarse y tomar decisiones. Escribo todo eso teniendo en cuenta la celebración en estas fechas del Día del Seminario y queriendo compartir concretamente la preocupación por las vocaciones sacerdotales. ¿Cómo suscitar vocaciones al ministerio sacerdotal? ¿Qué se está haciendo por esta finalidad en nuestra Iglesia diocesana, más allá de las iniciativas de la Delegación de Vocaciones? ¿A quiénes estamos haciendo la propuesta directa y ofreciendo la posibilidad de iniciar un camino? ¿Qué aspectos de la vida cristiana estamos olvidando o cultivando insuficientemente en el acompañamiento de los jóvenes? ¿Qué tiempo dedicamos a conversar con ellos aclarando dudas o dándoles motivaciones que 'enganchen' y los liberen de otras dependencias ambientales que ellos mismos dicen que no les llenan? ¿Cómo educar de manera evangélica, respetuosa con las personas, y positiva, favoreciendo un posible diálogo entre el Señor que llama y aquél que puede sentirse llamado? Recibid el saludo de vuestro hermano obispo, X Joan Piris Frígola Obispo de Lleida |