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Religiosidad popular 14 Marzo 2010 La religiosidad popular es, en palabras de Pablo VI (EN 48), una realidad tan rica como amenazada, pero se tendría que contemplar lo más objetivamente posible, eliminando cualquier autosuficiencia o menosprecio. Es pura y simplemente una religiosidad (¿creyente, cristiana, católica?) compartida por muchos, con expresiones emotivas y devocionales, que se manifiesta de muchas maneras, algunas incluso bastante discutibles. Pero eso no autoriza a descalificarla sin más. El Concilio Vaticano II de ninguna manera ha hablado de eliminar la religiosidad popular. Lo que sí ha hecho es considerarla un campo de evangelización y, en algunos casos, incluso, una buena plataforma para evangelizar, y posiblemente la única para ciertas personas que no tienen otro contacto o relación con la Iglesia. Según el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1674), además de la liturgia sacramental y de los sacramentales, hace falta que la catequesis tenga en cuenta las formas de piedad de los fieles y de religiosidad popular, de las cuales el Concilio Vaticano II dijo que "prolongan la vida litúrgica de la Iglesia, pero no la sustituyen (SC 13). Probablemente lo que falta en muchos es una buena catequesis que les ayude a no reducir la práctica religiosa y, a veces, la misma fe a manifestaciones exteriores sin la correspondiente vida litúrgica y sacramental y una adecuada vida moral. Son déficits que tendríamos que examinar entre todos y tratar de poner remedio de manera responsable y respetuosa. La verdad es que todos tenemos en nuestra historia personal vivencias de religiosidad que nos han ayudado en otros tiempos, y quizás todavía hoy, a rezar más "a gusto" delante de tal o cual imagen de Cristo o de la Virgen. ¿Hay que señalar algún Santuario en especial para ilustrar esta última afirmación? Sin embargo, para los cristianos, el hecho más importante de toda la historia humana es la Muerte y Resurrección de Jesucristo: el Misterio Pascual. Aquel acontecimiento se hace presente en nuestras celebraciones (no es un simple recuerdo de algo ya sucedido o una simple conmemoración -como unas bodas de plata-); se 'realiza' en los Oficios de la Liturgia del Jueves Santo, del Viernes Santo, de la Vigilia Pascual, de la misa de Resurrección. Debajo de los velos de los signos y gestos litúrgicos 'sucede' para nosotros la Muerte y Resurrección del Señor. Ahora que falta poco para la Semana Santa nos tenemos que preparar para dar sentido por dentro de lo que hacemos por fuera. Es importante como hacemos las cosas, pero lo es todavía más pensar y tener bien claro qué hacemos, porqué lo hacemos y qué celebramos. Recibid el saludo de vuestro hermano obispo, X Joan Piris Frígola Obispo de Lleida |