Mirando hacia la Pascua

7 Marzo 2010

Hace un tiempo, ante la visita de una madre ya entrada en años con la pensión mínima y con un hijo en la prisión, tuve que preguntarme: ¿Cómo puedo yo anunciar a esta buena mujer la Feliz Noticia de la Pascua? Ella reconocía la culpabilidad del hijo y lo vivía con serenidad, pero ¿qué Pascua puede celebrar una madre que, después de tantos años de trabajo y esfuerzos, vive con el corazón encogido por la dolorosa experiencia de tener este hijo privado de libertad?

Y ahora, recordándolo, vuelvo a preguntarme: ¿Qué Pascua puede celebrar una familia, un pueblo, una humanidad con bastantes de sus miembros "tan poco libres" por dentro y por fuera? ¿Y qué Pascua podrá celebrar una humanidad "tan distanciada" entre sí por diferentes motivos: ideas, color, religión, desigualdades económicas, etc?

Cada día somos testigos, cuando no protagonistas o cómplices, de cantidad de relaciones humanas enfrentadas, violentas, ásperas, hipercrítica. Incluso entre personas y grupos que proclamamos como solución la Caridad de Cristo diciendo que "no es soez ni egoísta, no se irrita ni se venga; no se alegra de la mentira, sino que encuentra el gozo en la verdad" (1Cor 13, 5-6).

Ciertamente la debilidad humana, el egoísmo, las desgracias... generan injusticia, desigualdad, miseria. Pero los cristianos tenemos que “hacer ver" que, desde la Pascua de Jesús (desde su "paso" de muerto a Vida), se puede aspirar a rehacer el equilibrio roto, y que un camino bien concreto es el que señala Él mismo: "sed misericordiosos como lo es vuestro Padre" (Lc 6,36). "Hace falta que la Iglesia de nuestro tiempo adquiera conciencia más honda y concreta de la necesidad de dar testimonio de la misericordia de Dios en toda su misión" (Joan Pau II, Divas 'in' Misericordia, 12).

Recordemos, pues, que las obras de misericordia son expresión concreta de la caridad. La misericordia es aquel amor que impulsa a actuar ante la indigencia del prójimo. Y no puede quedar sólo a nivel emotivo, se tiene que traducir en servicio activo: "Ayudaos a llevar las cargas los unos a los otros, y cumplís así la ley de Cristo" (Gal 6,2). La carta de Jaime (2,15ss) y el mismo apóstol Juan (1Jo 3,17ss) nos avisan de posibles caricaturas.

Gracias a Dios en Lleida se hace un esfuerzo notable en este sentido, pero como puede haber también a nuestras comunidades "miembros menos sensibles", la Cuaresma nos ofrece la oportunidad de revisar por ejemplo si, ante la realidad de tantos hijos e hijas de Dios que no pueden vivir "como Dios manda", somos cada día más los cristianos capaces de 'alterar nuestro tren de vida, modificar nuestra cuenta bancaria, revisar el ejercicio de la propia profesión, sintonizar espontáneamente con los más frágiles y movilizar de forma más evangélica nuestras capacidades (Jn 15,13).

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

X Joan Piris Frígola

Obispo de Lleida