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Actuar, mejor que lamentarse 14 Febrero 2010 Lo he escuchado en la Radio: "Por cada minuto que dedicas a lamentarte, un minuto menos que tienes para actuar". Un pensamiento que me ha parecido especialmente constructivo para empezar la Cuaresma, periodo que prepara la celebración de la Pascua (paso de muerte a vida). ¿Por qué no buscamos compromisos y maneras concretas de actuar y promover vivencias transformadoras? Tradicionalmente, la Cuaresma ha sido para los creyentes tiempo de penitencia y de reconciliación y continúa siendo una ocasión espléndida para una profunda revisión de vida en la que no tendríamos que resistirnos por incómodo que resulte a confrontarnos con la verdad del Evangelio. Ante una nueva Pascua, quiero compartir con vosotros la paz y la serenidad que da saber que estamos en buenas manos e invitar a todos a vivir uno de los valores más necesarios en nuestro tiempo: la esperanza. Y en concreto a los cristianos quiero recordarles que no podremos nunca anunciar y presentar a Jesucristo desde la "desesperanza" o desde la conciencia (o apariencia) de que "no hay nada a hacer", excusándonos en que nuestra sociedad está muy descristianizada. Pero, como os decía en la Carta Pastoral ("Entre todos y para el bien de todos"), la esperanza no es una actitud que se adquiere con voluntarismos o gimnasia espiritual, sino pasando peligros y problemas graves de los cuales sólo podemos salir por gracia de Dios. Hoy hacen falta más que nunca cristianos "probados y esperanzados" que nos sean un referente, como lo es de hecho para todos nosotros el joven leridano Beato Francesc Castelló y Aleu, un cristiano capaz de llevar hasta el final una vida coherente con su fe y dar al testimonio supremo de morir por Cristo. Es cierto que existe la tentación de encerrarse con actitud de resignación ante la dificultad de entrar en diálogo con la sociedad actual; muchos están desanimados en el ensayo de nuevas vías de evangelización, con el peligro de refugiarse en el intimismo o en pequeños grupos de compensación. Pero también hay mucha gente que busca y vive valores evangélicos. Busca faros que los guíen y uno de estos faros es la esperanza cristiana. Nunca negaremos las dificultades, pero nuestra convicción es que desde que Dios resucitó a Jesús de entre los muertos, es ya una experiencia demostrada que las tinieblas sólo las disipa la luz y que el odio únicamente lo vence un amor incondicional al estilo del Maestro. Valentía, pues, para iluminar, purificar y estimular suscitando valores evangélicos: actitudes de esperanza, libertad, justicia, respeto, convivencia, fraternidad..., y promoviendo comportamientos coherentes con estos valores. Aprovechamos la Cuaresma, por ejemplo, para hacer opciones decididas de altruismo y generosidad. Que la antigua práctica del ayuno y la limosna generosa nos lleve a privarnos de manera eficaz, no tan sólo de lo superfluo sino también de bastante más para compartirlo con los que viven en necesidad. La oración incesante demostrará también si Dios tiene la prioridad efectiva en nuestra vida y nos llevará a reproducir con Cristo el camino que salva: desvivirnos por los otros "para que tengan vida". Recibid el saludo de vuestro hermano obispo, X Joan Piris Frígola Obispo de Lleida |