La protección del domingo

3 Enero 2010

En febrero del año pasado, representantes de las Iglesias (católica, protestante y anglicana) en la COMECE saludaban con gozo la iniciativa de un buen grupo de diputados europeos que proponían en aquel Parlamento la necesidad de una declaración sobre la protección del domingo, subrayando que "la fiesta dominical es un pilar esencial del modelo social europeo y un componente de la herencia cultural de Europa". Estos diputados pensaban que adoptar esta resolución sería una toma de posición clara del Parlamento europeo en favor de una Europa social.

La crisis económica y financiera -escribían- ha hecho comprender mejor hasta qué punto hay aspectos de la vida que no pueden ser comercializados. El consumismo desenfrenado no es ni un modelo de desarrollo económico duradero, ni un modelo de desarrollo humano. Nosotros sabemos que los hombres y las mujeres que trabajan el domingo son discriminados en sus relaciones sociales. Está demostrado que queda afectada su vida familiar, su desarrollo personal e incluso su salud."

En este tiempo de desempleo masivo, donde miles de personas lo que querrían sería poder encontrar un trabajo, puede parecer extraño pedir todavía la protección del domingo. Pero lo cierto es que, en los últimos años, esta protección se ha visto reducida en bastantes Estados europeos en favor de una visión política demasiado consumista, donde los asalariados se ven necesitados de parcelar su vida privada, obligados a asegurar horarios comerciales y establecimientos abiertos sin interrupción. Lo podemos comprobar incluso en estos días en los cuales -a pesar de la crisis que nos acompaña- se ha hecho necesario comprar y vender masivamente.

Nunca está de más, pues, reivindicar la protección del domingo como día de descanso semanal en las legislaciones que afectan el tiempo de trabajo con el fin de mejorar la protección de la salud de los trabajadores y la reconciliación entre trabajo y vida familiar. Más, cuando en el respeto del descanso dominical está la base de nuestro modelo social y es un componente de nuestra herencia cultural cristiana, salida de una tradición larga y de gran valor.

Es indiscutible que el descanso dominical es un factor decisivo de reconciliación entre trabajo y vida familiar, conserva una significación esencial en las relaciones familiares y en la vida social y cultural. Es uno de los escasos tiempos a preservar con el fin de permitir encontrarse a los niños y sus padres. Afortunadamente, la legislación europea lo considera como día de descanso semanal para los niños y adolescentes.

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

X Joan Piris Frígola

Obispo de Lleida