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Nostalgia del paraíso 6 Diciembre 2009 La piedad del pueblo cristiano por todo el mundo está impregnada de una devoción profunda a la Virgen Maria: es un hecho que puede observarse en la tradición litúrgica, en la pastoral de las parroquias, en el arte sagrado, en la espiritualidad, en la vida de los santuarios marianos ... Esta devoción mariana la viviremos ahora como un motivo de esperanza para toda la Humanidad al celebrar como cada año la solemnidad de la Purísima en el tiempo de Adviento, cuando nuestras Comunidades se preparan para recibir a quien viene a bendecirnos con toda clase de bienes (Ef 1,3). Maria "llena de gracia" (Lc 1, 28), una mujer de nuestra misma pasta, nos recuerda que Dios también nos escogió a nosotros en Cristo para que fuéramos santos, irreprensibles a sus ojos (Ef 1,4). Viviendo el espíritu del Adviento, y pensando con qué amor Maria esperó a su Hijo, nos sentiremos animados a prepararnos más y mejor, vigilantes en la plegaria y cantando su alabanza. Como escribía Mons. A. Montero: "Me he planteado en ocasiones el porqué del atractivo singular que el misterio de la Inmaculada ha ejercido en tantos tiempos y lugares sobre nosotros pecadores, los desterrados hijos de Eva. ¡Y pienso que, por eso mismo! Por la nostalgia del Paraíso, porque los hombres perdimos la luz, la inocencia, la transparencia y el gozo de nuestros primeros padres. «Aquél que yo soy - decía Rabindranath Tagore - saluda llorando, en aquél que querría ser». Elegida para ser la Madre del Salvador, hacía falta que ella estuviera totalmente conducida por la gracia de Dios para poder dar el asentimiento libre de su fe al anuncio de su vocación. Y la Iglesia ha confesado siempre que la santidad singular con la cual María ha sido enriquecida (preservada de toda mancha de pecado original en su concepción) le viene toda de Cristo (LG 53). Proclamar que María, nuestra Madre, es "la Toda Santa" -como la nombra la tradición oriental- implica acoger con todas sus consecuencias el compromiso que tiene que dirigir toda la vida cristiana y que el mismo Concilio Vaticano II explicitaba diciendo, que todos los cristianos, de cualquier clase o condición, estamos llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección del amor (LG 40). Como os acabo de repetir en la Carta Pastoral "Entre todos y para el bien de todos", a eso estamos llamados y capacitados. ¿No es esta una manera ilusionada de entender la vida? El amor filial en la "Llena de gracia" nos tiene que impulsar a trabajar con mayor confianza en una pastoral que dé prioridad a la oración, personal y comunitaria, respetando un principio esencial de la visión cristiana de la vida: la primacía de la gracia (NMI 38). Recibid el saludo de vuestro hermano obispo, X Joan Piris Frígola Obispo de Lleida |