Amor, seguimiento y libertad

22 Noviembre 2009

Considero conveniente recordar que los miembros de la Iglesia Católica hemos sido convocados este año a reflexionar y rogar por los sacerdotes, ayudándonos a percibir y valorar mejor la importancia de su misión en la Iglesia y en la sociedad.

En el Evangelio (Mc 3,13) leemos que el Señor empezó a llamar discípulos para que estuvieran con Él, y para enviarlos a predicar ... Lo hizo después de pasar la noche en oración y llamando "a los que quiso".

Es este un punto importante: el sacerdocio ministerial es un servicio fundamentado en una iniciativa de Dios. Nadie puede reclamar este derecho. No es sólo el resultado de una decisión personal, ni siquiera fruto de la elección de una comunidad cristiana concreta. No basta desear serlo, tienes que ser llamado. Y es bueno constatar -siempre sorprendidos y agradecidos- esta maravillosa realidad de la llamada.

Porque esta llamada (como la de la vocación bautismal al seguimiento de Cristo) es una invitación. Nunca nos obliga: "Si quieres venir conmigo, si alguien quiere..." Él toma la iniciativa, pero respeta nuestra libertad.

Normalmente hay una serie de llamadas sucesivas y hay que escucharlas: la vocación al sacerdocio ministerial es una vivencia dinámica, progresiva. No suele ser cuestión de un momento fijo y ya está: es un proceso. Y el reto será vivir a la altura de la llamada recibida, como lo dice san Pablo a los Efesios (4,1).

Además, la llamada de Jesús a seguirlo en el ministerio tiene sus 'costes'. Nos invita a la desprendernos de nuestras seguridades ... O sea: este seguimiento, por ejemplo, pide el enamoramiento y la decisión de aceptar a Jesús Mesias-Siervo y no el Mesías triunfante y político, como esperaban tanto el pueblo como sus mismos discípulos.

Jesús ha trabajado insistentemente durante semanas, meses y años, para que los apóstoles aceptaran este mesianismo. Únicamente después de la Resurrección, comprenderán que éste es el Mesías que lleva a la vida, que éste es el camino para el Reino (Filip 2,5-9).

Es importante, pues, calibrar la calidad de nuestra participación en su estilo de vida, porque no podemos vivir la vida cristiana como un peso, unos deberes o ejercicios fríos, sino con las actitudes y el espíritu de la disponibilidad y el agradecimiento por la llamada y la salvación recibida del Señor Jesús.

Roguemos, pues, por nuestros sacerdotes y por los de todo el mundo. Y también por aquellos jóvenes que quieran aceptar la llamada con generosidad. Seguir a Jesús es una elección que se tiene que hacer con una adhesión absoluta e incondicionada y como un acto 'liberador'. Y las renuncias que pueda pedir encontrarán su motivación siempre en esta donación de uno mismo, que queremos sea limpia y pura y sin otros intereses. Eso es el que da consistencia al razonamiento de san Pablo sobre la libertad cristiana (Galo 5, 1.13-18) cuando dice que tiene que ser entendida como un "ponerse con la caridad al servicio los unos de los otros". Libres para servir. Es un amor que hace crecer en la libertad: hombres libres, llamados a vivir libremente porque están solicitados por los "deseos del Espíritu". Una gracia que tenemos que pedir cada día.

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

X Joan Piris Frígola

Obispo de Lleida