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"Entre todos" 1 Noviembre 2009 En la Solemnidad de Todos los Santos, aquella innumerable multitud de hijas e hijos de Dios que han conseguido vivir dando la talla que el Señor esperaba de ellos, quiero hacerme eco de la Carta Pastoral que os he dirigido con fecha de 2 de octubre, día de la Virgen de la Academia. Quiere ser una reflexión y una llamada a acercarnos más a aquella aspiración del Concilio Vaticano II que muchos califican de "asignatura pendiente": construir entre todos y para el bien de todos una Iglesia más "sinodal", una comunidad esperanzada y "signo" de la comunión de Dios con nosotros y entre todos nosotros -llamados todos a ser santos y levadura de una nueva humanidad. Una comunidad que trate de vivir el presente abierta a las manifestaciones de Dios en la historia de cada día, con una mirada siempre fundamentada en la lectura creyente de todas las experiencias que vivimos en esta "nueva época" abierta a nuestra creatividad. Para nosotros el fundamento definitivo de la esperanza es un hecho: Jesús ha resucitado. Aquello que ha hecho Cristo también nos pasará a nosotros. Estamos llamados a confiar en el amor de Dios y a darnos completamente en Él, "esperando contra toda esperanza". La Iglesia ha tenido épocas de desencantamiento pero nunca ha faltado gente positiva, decidida a transformar aquello negativo en positivo. El Señor continúa invitándonos a una esperanza activa que despierte actitudes confiadas, liberadas de prejuicios y cargadas de fe en el amor que Dios nos tiene y que hemos experimentado en Jesús. En nuestra Diócesis tenemos iniciativas de reflexión, formación y renovación e instituciones y personas muy valiosas entre el clero diocesano, entre los miembros de vida consagrada, y también en el mundo de los laicos que viven su fe con entusiasmo y asumen responsabilidades y trabajos con generosidad. Hay inquietud pastoral y no faltan grupos de revisión de vida, de presencia y de acción pública de los católicos en los diferentes ambientes. Gracias a Dios abunda el voluntariado y, en muchos casos, las personas que más trabajan contra la enfermedad, la marginación, la miseria, la ignorancia y otras formas de esclavitud, son gente de Iglesia que vive en relación profunda con el espíritu de Jesús. Lo que yo pido a la Iglesia de Lleida es asumir "el mundo del otro, o de los otros" como lo hizo Jesús, con la pobreza de los siervos (Filip 2,6-8), intentando entrar todos (yo también) a formar parte con actitudes sinceras del mundo de los siervos, de los pobres, de los frágiles, de los humildes. Es algo que se tiene que convertir en criterio y punto de revisión continua. Y también pienso que nos hace falta a todos volver a descubrir el valor de la comunión eclesial como un signo y un instrumento de la acción transformadora de Dios en el mundo, encarnando y haciendo más visible una Iglesia compasiva y misericordiosa capaz de compartir realmente los gozos y las esperanzas, los llantos y las angustias de las mujeres y hombres de las tierras de poniente. Como pastor responsable de guiar a esta querida comunidad diocesana de Lleida, renuevo mi llamada a todos aquellos a quienes les gustaría que viviéramos todos cada día más y mejor el gozo de la fe y del amor compartido. Hagámoslo entre todos. Recibid el saludo de vuestro hermano obispo, X Joan Piris Frígola Obispo de Lleida |