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Luz para los pueblos 18 Octubre 2009 Es el lema muy sugerente del DOMUND (Festividad Mundial de la Propagación de la Fe) que este año cumple 83 años. Aquéllos que afirmamos que Cristo resucitado vive entre nosotros y lo vivimos gozosamente, sentimos la necesidad de comunicarlo a todos para hacerles participar de nuestra alegría. Es por eso que nos hace falta una Iglesia "más misionera", más claramente evangelizadora. Como nos decía el Concilio Vaticano II: "La Iglesia ha nacido con esta finalidad: Propagar el reinado de Cristo en toda la tierra; hacer a todo el mundo partícipe de la redención salvadora; ordenar todo el universo a Cristo" (AA 2). El mandamiento de Cristo de ir a todos los pueblos y la comunicación del Espíritu Santo a los discípulos capacitándolos para poder llegar a todos los pueblos, son motivos permanentes. Los cristianos, por el hecho de ser miembros de la Iglesia, hemos recibido la vocación en la misión bien igual que la llamada a la santidad. Es bastante común distinguir la animación (suscitar y estimular la conciencia misionera) y la cooperación (con apoyos vocacionales, espirituales y económicos). La animación misionera es un servicio cualificado para conseguir que las comunidades incorporen en su vida ordinaria en las parroquias, asociaciones y grupos, aquello que realmente los identifica y constituye su naturaleza: la misión universal. Y, por otra parte, la cooperación y el intercambio misionero es una exigencia de la animación. Tenemos que abrirnos generosamente a las necesidades de los otros. La cooperación no es sólo un simple acto de donación, sino la respuesta al reconocimiento de la corresponsabilidad entre las Iglesias y comunidades. Es estar disponible para compartir. La actividad misionera demuestra el nivel de vitalidad y eclesialidad de las comunidades cristianas. Los misioneros son muy admirados, pero nunca tienen que ser reducidos a unos buenos 'cooperantes' sociales y agentes para el desarrollo de regiones deprimidas. "La actividad misionera específica tiene como destinatarios los pueblos o grupos humanos que todavía no creen en Cristo, los que están alejados de Cristo, aquéllos entre los cuales la Iglesia no ha arraigado todavía, y en cuya cultura no está influyendo todavía el Evangelio"(Redemptoris Missio, 34). Pero también hay que resaltar que "el hombre no puede vivir en condiciones sociales, económicas, culturales y políticas infrahumanas. Éste es el fundamento teológico de la lucha por la defensa de la dignidad personal, por la justicia y la paz social, por la promoción humana, la liberación y el desarrollo integral de la persona humana y de todas las persones"(Ecclessia in Africa 69). Encomendemos intensa y confiadamente al Buen Dios los misioneros y misioneras y cooperemos generosamente según nuestras posibilidades. Recibid el saludo de vuestro hermano obispo, X Joan Piris Frígola Obispo de Lleida |