Santidad reconocida

11 Octubre 2009

Hoy son proclamados Santos por el Sucesor de Pedro unos hombres y mujeres como nosotros y nos son presentados como un referente de seguimiento perfecto de Jesucristo. Entre ellos hay dos que nos son bien próximos y queridos: el catalán P. Coll (fundador de las Dominicas de la Anunciata) y Joana Jugan (fundadora de las Hermanitas de los Pobres). Demos gracias al buen Dios por estas personas en cuya vida son bien evidentes las virtudes teologales de la fe, la esperanza y el amor que ellos han practicado poniendo de manifiesto aquello que les daba sentido, el amor de Dios o Dios mismo que es este amor. En Lleida tenemos la suerte de poder beneficiarnos de la presencia y ejemplo evangélico de hijas de estos dos fundadores.

A veces tenemos la impresión que eso de "ser santos" es patrimonio de personas selectas y que no está a nuestro alcance, pero el Concilio Vaticano II nos recordó que "Todos los fieles cristianos, de toda condición y estado, son llamados a la perfección de aquella santidad con la cual es perfecto el mismo Padre Dios" (LG 11). O sea que es la vocación de todos los bautizados, de todos los miembros de la Iglesia, a pesar de encontramos cada día con la dura realidad de una Iglesia simultáneamente santa y pecadora. Eso es un hecho indiscutible pero no nos autoriza a hablar sólo de la Iglesia de los "santos" y no de "la Iglesia santa", porque no hay dos Iglesias: sabemos bien que la Iglesia es santa sólo porque el Señor le da 'por gracia' el don de la santidad.

Tenemos que aceptar todas las críticas justas y tratar de ser más fieles en todo, pero mirando el ejemplo de vidas como las de aquéllos que hoy son reconocidos públicamente y "canonizados", tendremos que convenir que si multiplicáramos estos referentes sería más realidad aquel cambio estructural que todos soñamos y no acabamos de conseguir; seguramente porque no se trata sólo de un cambio cultural y social, sino de hacer valer la dignidad de hijos e hijas de Dios a quienes se nos ha conferido en Jesucristo y que hay que reforzar en la práctica con una caridad efectiva y, a veces, heroica como la que han demostrado en la vida aquéllos que hoy son presentados a la veneración de la comunidad eclesial y al mundo entero.

Glorifiquemos al Señor y "felicitémoslo", porque hombres y mujeres como nosotros han sabido hacer fructificar de veras su Gracia acertando a vivir según su voluntad ... y tratemos de no aplazar nuestra propia respuesta.

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

X Joan Piris Frígola

Obispo de Lleida