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Virgen Blanca de la Esperanza 4 Octubre 2009 En todos los tiempos, la esperanza ha alimentado la vida de los humanos, pero quizás ahora hace más falta cada día, abrasados como estamos por tantos asuntos y problemas que nos llevan a hacer mil equilibrios en muchos ámbitos (y no tan sólo en la economía). La comunidad eclesial ha mirado siempre a Maria de Nazaret como un referente extraordinario de fe y de esperanza, identificándose con ella e invocándola confiadamente en momentos particulares. Todos podríamos explicar muchas experiencias. Si hace poco la celebrábamos con el título de "Mercedes", acompañando de manera especial a los hermanos y hermanas que la tienen como Titular en el Centro Penitenciario y/o en su Comunidad Parroquial, estos días toda Lleida la invoca públicamente con el entrañable título de VIRGEN BLANCA DE LA ACADEMIA, celebrando su Patronazgo muy solemnemente. Es Ella la que nos puede ayudar, mejor que nadie, a abrir nuestro corazón esperanzado mirando Aquel Jesús que llamamos “la Palabra de Vida” y “la Luz del Mundo”. Desgraciadamente la crónica cotidiana continúa registrando en tantos lugares experiencias negativas, pero nuestra opción hace falta que sea siempre unirnos para promover la no violencia, el perdón y la reconciliación. En todos se nos pide contribuir, de manera paciente y perseverante, para promover y hacer realidad una sociedad capaz de vivir la fraternidad gratificante para la que está capacitada por el Creador: suscitemos en nosotros y a nuestro alrededor esta esperanza con decisiones generosas de comprensión recíproca y de atención activa en los necesitados; con 'gestos' concretos en las familias, en los puestos de trabajo, en las comunidades, en el conjunto de la vida de cada día. Pedimos esta esperanza activa por intercesión de nuestra Madre MARÍA, la Virgen Blanca. El futuro de la humanidad está en manos de aquéllos que sabrán dar a las generaciones futuras razones para vivir y razones para esperar (GS 31) y es eso lo que se nos pide a los creyentes (2Pe 3,15). Tenemos que saber encontrar y valorar todos los "signos de esperanza" presentes en nuestro mundo: los progresos en diferentes sectores de la ciencia; el mayor sentido de la responsabilidad en el campo ecológico; los esfuerzos por debatir y encontrar caminos en asuntos de interés común; la mejor disposición para acoger los diferentes carismas; la dedicación creciente a la causa de la unidad de los cristianos y al diálogo interreligioso ... Y cuando digo "valorar", quiero decir que tenemos que traducirlo en un esfuerzo responsable y sostenido a fin de que cada una de éstas "entonces" pueda desarrollarse y dar fruto. Recibid el saludo de vuestro hermano obispo, X Joan Piris Frígola Obispo de Lleida |