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Construimos sobre el Evangelio 27 Septiembre 2009 En las puertas del nuevo curso y pensando en orientaciones evangelizadoras, me parece conveniente señalar algunos particulares acentos que ya están pero se tendrían que remarcar más en la vida de las comunidades de nuestra Diócesis. El Evangelio, (el plan de Dios sobre el mundo que se ha manifestado en Jesús el Cristo), no es tan sólo una llamada a la conversión de actitudes sino que, además, nos pone ante la necesidad de responder y orientar en una determinada línea todas las acciones y servicios con los cuales la Iglesia realiza su misión: es decir todo aquello que llamamos "pastoral misionera". Es bien conocido que en la Iglesia (ayer, hoy y mañana) hay diferentes 'tendencias', espiritualidades, planteamientos pastorales y maneras de concebir las cosas. Sin embargo, más allá de los tópicos con los cuales nos clasificamos los unos a los otros (integristas, conservadores, progresistas, críticos ...), e incluso superando cuestiones relacionadas con prácticas religiosas que para la mayoría de la gente son periféricas, yo quiero animar a todos en una cosa bien elemental: a redescubrir el Evangelio como base de la vida cristiana y a vivir dejándonos juzgar habitualmente por la Palabra de Vida, porque la realidad de las personas es mucho más compleja de aquello que puede parecer y muchas veces está llena de ambigüedades. Dicho esto, tengo que añadir también que me da mucho miedo y me resulta muy preocupante encontrar cristianos -clérigos y laicos- que siempre parecen tenerlo todo muy claro y se presentan como aquéllos que están en posesión de la verdad y no tienen nada a corregir. La vida demuestra que estas actitudes incapacitan para la revisión y aquél que no se evalúa periódicamente nunca cambiará ni tampoco crecerá. Gracias a Dios, desde nuestras respectivas comunidades, muchas veces ofrecemos el testimonio de acciones y planteamientos que demuestran nuestra concreta encarnación en las realidades que nos rodean y a los cuales queremos iluminar desde el Evangelio de Jesús (o denunciar si hace falta). Y lo hacemos con humildad pero con entusiasmo. Ojalá podamos multiplicar estos testimonios. Pero hagámoslo siempre dejándonos interpelar también nosotros, situándonos en constante actitud de revisión de vida y de educación adulta de la fe. Jesús nos ha dejado bien claro que quiere que actuamos como levadura con capacidad de fermentar, como sal que dé sabor, y no tanto como jueces que se sitúan por encima del bien o del mal, añadiendo incluso aquello, de "el que esté sin pecado que tire la primera piedra" (y ya conocemos como acaba este pasaje evangélico). Recibid el saludo de vuestro hermano obispo, X Joan Piris Frígola Obispo de Lleida |