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Ahora hace 46 años 20 Septiembre 2009 Mañana, día de san Mateo, hará 46 años que recibí la ordenación sacerdotal por la imposición de las manos de un sucesor de los Apóstoles y la plegaria de la Iglesia, acompañada de la unción y de otros signos. Una experiencia de misericordia que me habilitaba y me comprometía a asumir un estilo de vida conforme al del primer Pastor, Jesucristo, al cual estaba llamado a representar. Éramos 35 jóvenes "ungidos y enviados" (Lc 4,18) y dispuestos a entregar nuestra vida al servicio del Evangelio, respondiendo al llamamiento recibido y aceptados por la Iglesia. Cada uno, en voz alta, contestaba: "aquí estamos" (todavía hoy somos 23 en activo). Reviviendo aquellos momentos después de tantos años, digo lo mismo que el Beato Joan XXIII explicando sus sentimientos al momento de su elección: ¿"Cómo podía, humanamente hablando, no temblar? ¿Cómo podía no pesarme una responsabilidad tan grande? Fue necesario recurrir a la misericordia divina para que a la pregunta: ¿Aceptas? pudiera responder (...): Acepto". Y también quiero rezar como él diciendo: "Perdonad el mal cometido y multiplicad el bien: todo es obra vuestra y sólo a Vos os es debida la gloria". La verdad es que tengo mucho que agradecer y quiero invitar a todos los miembros de la Iglesia de Lleida a asociaros a mi acción de gracias desde allí donde estaréis. Rogad a fin de que yo pueda vivir más y más la espiritualidad del Buen Pastor sin rebajas y en sintonía con Aquél que me ha llamado, y también luchando para que mi modelo no sea nunca el de los pastores que "se pacen a ellos mismos" (Ez 34,2). Todos los bautizados participamos del sacerdocio de Jesucristo y eso nos pide esforzarnos para llevar una vida renovada pero, además, los que participamos del sacerdocio ministerial podríamos decir que estamos llamados a ser unos hombres en otra perspectiva: la de aquéllos que, siendo portadores de unos bienes que no son nuestros, tenemos que entender a la fuerza el mundo y la historia desde el ángulo de Cristo. El lenguaje clásico lo nombra «carácter sacerdotal»: toda nuestra persona, por el sacramento del Orden, consagrada de manera definitiva con un vínculo perpetuo de estima recíproca. Sin embargo, todo eso no es automático. El Concilio nos dijo a los sacerdotes que el medio auténtico de llegar a la santidad es el ejercicio leal, incansable, de nuestras funciones, en el Espíritu de Cristo (PO 13). Confío mucho en vuestra ayuda. Recibid el saludo de vuestro hermano obispo, X Joan Piris Frígola Obispo de Lleida |