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Voy a cumplir un año 13 Septiembre 2009 He pasado poco tiempo todavía acompañando la Iglesia de Lleida, pero son ya muchas, muy nuevas y muy variadas, las vivencias que hacen que mis sentimientos actuales sean positivos. La Iglesia de Lleida es una realidad bastante plural (en personas, planteamientos, ricas experiencias de individuos y comunidades) y con más vida de la que aparentemente se ve. Hay inquietudes en personas y grupos que son un motivo de esperanza. En este sentido, y en primer lugar, quiero hacer una llamada a profundizar especialmente la dimensión vocacional de la vida cristiana: ser "llamado" es nuestra identidad. Llamados a la fe, llamados al seguimiento de Jesús, llamados a formar parte de su comunidad, de la Iglesia. Gracias a Dios, hay un buen número de personas que responden a la llamada. Pero la asignatura pendiente es la decisión de responder comprometiéndose "de por vida" en la vocación matrimonial, en la vida consagrada (en sus múltiples posibilitades), en el sacerdocio ministerial ... Los jóvenes lo tienen hoy especialmente difícil porque tienen que decidir entre muchas ofertas y, a veces, nos falta la capacidad de estimular suficientemente. También sabemos que las vocaciones de especial consagración son un don gratuito de Dios y tenemos que pedirlas incesantemente. Jesús y su Evangelio tienen siempre la misma fuerza de convocatoria pero tendremos que cultivar mejor los gérmenes vocacionales "acompañándolos" adecuadamente y siendo testigos creíbles. Animo a las familias cristianas, a los educadores cristianos, a los mismos sacerdotes y miembros de la vida consagrada a hacer "invitaciones explícitas" sin ningún tipo de complejos. En segundo lugar, quiero agradecer una vez más el ejemplo de personas e instituciones que hacen ver aquello que la gente llama "la cara guapa de la Iglesia" con su generosa dedicación a los más frágiles. Animo también a crecer todavía más en este campo: "Tenemos que ayudar de manera tal que los pobres, en cada comunidad cristiana, se encuentren como en su casa" (NMI 50). Para nosotros son el rostro de Cristo ... y tenemos que estar atentos a toda la pobreza, además de las materiales. La caridad cristiana no puede quedar "reducida" a un humanismo filantrópico y "nuestras comunidades cristianas en agencias sociales" (NMI 52). Y entre los muchos problemas que tenemos, a todos nos preocupa mucho el fenómeno de la inmigración y tenemos que tener mucho cuidado y vigilar que nuestras actitudes sean coherentes al máximo con la fe cristiana y el modelo de amor solidario que Jesús practicó y predicó. Recibid el saludo de vuestro hermano obispo, X Joan Piris Frígola Obispo de Lleida |