Una nueva encíclica social

6 Septiembre 2009

Hace dos meses se hacía pública la última encíclica de Benedicto XVI actualizando la doctrina social de la Iglesia ante las nuevas circunstancias y donde hay afirmaciones que hay que pensar: que la caridad (es decir, el amor) es la vía maestra de la doctrina social de la Iglesia; que todas las responsabilidades y compromisos trazados por esta doctrina provienen de la caridad que, según Jesús, es la síntesis de toda la Ley; que sin verdad, la caridad se puede confundir fácilmente con una reserva de buenos sentimientos, provechosos para la convivencia social, pero marginales. Es el riesgo fatal del amor en una cultura sin verdad.

El Papa analiza dos criterios para la acción moral: la justicia y el bien común. Dice que todos los cristianos están llamados a esta caridad, según su vocación y sus posibilidades de incidir en la vida pública. Añadiendo también que, sin la perspectiva de una vida eterna, el progreso humano en este mundo se queda sin aliento, y que el gran reto que tenemos en este tiempo de globalización, agravado por la crisis económica y financiera actual, es mostrar que en las relaciones mercantiles el principio de gratuidad y la lógica del don pueden y tienen que tener espacio en la actividad económica ordinaria como expresiones de fraternidad. Benedicto XVI recuerda "el escándalo del hambre" y pide una ecuánime reforma agraria en los países en desarrollo. Un desarrollo que, si quiere ser auténticamente humano, necesita una lógica mercantil ordenada a la consecución del bien común, que es responsabilidad sobre todo de la comunidad política.

En este tema, dice que no se tienen que minimizar los escenarios inquietantes y que, a la trágica plaga del aborto, se podría añadir una sistemática planificación eugenésica de los nacimientos y que ya se va abriendo camino la mentalidad eutanásica, manifestación abusiva del dominio sobre la vida que en ciertas condiciones ya no se considera digna de ser vivida. Planteamientos culturales que niegan la dignidad humana. El Papa avisa de la "pretensión prometéica" según la cual la humanidad cree poder recrearse gracias a los 'prodigios' de la tecnología y afirma que la técnica no puede tener una libertad absoluta y que sólo un humanismo abierto al Absoluto nos puede guiar en la promoción y realización de formas de vida social y civil que nos protejan de quedar aprisionados por las modas del momento.

Acaba pidiendo cristianos en oración con los brazos levantados hacia Dios "sin el cual el hombre no sabe dónde ir ni tampoco consigue entender quién es". Cristianos conscientes que el amor lleno de verdad, (caritas in veritate), del cual procede el auténtico desarrollo, es un don. «Ante los grandes problemas del desarrollo de los pueblos, que nos impulsan casi al desasosiego y al abatimiento, viene a nuestro auxilio la palabra de Jesucristo.» 

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

X Joan Piris Frígola

Obispo de Lleida