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Compartiendo preocupaciones 26 Julio 2009 Al finalizar el curso y, pensando en la necesidad que "todos" los bautizados miremos la realidad que nos rodea lo más objetivamente posible, quiero compartir con los miembros de la Iglesia de Lleida una preocupación fundamental: como ayudarnos a hacer experimentar a nuestro alrededor la propuesta salvadora de Jesús como una buena noticia (EN 18) que aporta "sentido" a la vida, a fin de que la fe pueda ser "determinante" en las vivencias y decisiones de las personas. A veces nos lamentamos que ciertas realidades eclesiales (reducidas a una oferta preferentemente cultual y/o de sacramentalización) tienen poco dinamismo interno y poca presencia externa 'significativa'. Decimos que con esta presencia, más bien formal, no estamos en condicionas de establecer relaciones evangelizadoras con la sociedad. Hay quien dice que esta 'ausencia' de aportación de la visión cristiana en los asuntos comunes es por falta de secularidad en los planteamientos, y pide ir como Jesús de puertas a fuera ... "fuera del campamento" (Hebr 13,12-13) para entrar en relación con los problemas de la gente, involucrándose más y asumiendo las propias responsabilidades con una fe adulta, y no quedándonos tranquilos dejando correr las cosas, pensando que la responsabilidad es sobre todo de los otros (los sacerdotes?). Por ejemplo, cuándo los cristianos vemos que algunas cosas, que parecían centrales, ahora van quedando "al margen" o tienen poca consideración social, y que la nuestra no es ya la única propuesta de sentido en una sociedad pluralista, la tentación puede ser replegarse y estrechar filas para defenderse de los "otros". O también excluir instintivamente todo aquello que pueda dividirnos y que, al menos en nuestras parroquias, no haya contraposiciones. Mejor no comprometerse en los asuntos "del mundo" porque nos tendremos que definir y no tendremos todos la misma postura ... Además, convivir fuera de nuestro círculo puede suponer ir hacia un mundo desconocido, con el consiguiente y explicable temor a la novedad y al riesgo. Sin embargo, Jesús nos pide ser presencia transformadora en nuestros ambientes ("luz del mundo y sal de la tierra"). Eso no quiere decir tenerlo muy claro o tener "la exclusiva", pero sí utilizar todos los recursos de nuestra inteligencia y capacidad operativa en nuestro servicio a la causa del Reino, planificando acciones de presencia y acompañamiento en los acontecimientos humanos y haciendo un análisis de los hechos de cada día a la luz del Evangelio, porque contemplar al Dios vivo y "encarnado" es siempre una llamada a tomar seriamente la historia. (Ecclesia de Eucharistia 26, 20, 59, 62). Para todo eso, considero imprescindible coordinar más interparroquialmente trabajando todos en la misma dirección, desde la diversidad de los carismas pero de manera menos individualista y sin protagonismos. Recibid el saludo de vuestro hermano obispo, X Joan Piris Frígola Obispo de Lleida |