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El bautismo, un asunto serio 5 Julio 2009 Siempre ha sido necesario, pero ahora, que hay incluso quien hace "bautizos laicos", convendría reivindicar la necesidad de tomar con más seriedad la preparación y celebración del Bautismo. El evangelio de Mateo acaba con unas palabras precisas de Jesús: "He recibido plena autoridad en el cielo y en la tierra. Id, pues, a todos los pueblos y hacedlos discípulos míos, bautizándolos en el nombre de Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándoles a guardar todo aquello que os he mandado." (Mt 28, 18-20). Así, hacer discípulos de Cristo comporta dos operaciones: bautizar y enseñar. La primera designa la acción sacramental y litúrgica de la Iglesia, mientras que la segunda indica la acción catequética y formativa. El anuncio de Cristo Jesús muerto y resucitado lleva a quien lo acepta a la inmersión sacramental, en la que seguirá la completa transmisión de la enseñanza de Jesús. "Bautizar" significa "sumergir" y se explica bien con el gesto sacramental de la inmersión en el agua. ¿Pero y bautizar "en el nombre de..."? Dado que en el lenguaje bíblico el "nombre" indica a la persona, sobre todo en cuanto conocida y con la cual se entra en relación personal, sumergir (bautizar) en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo quiere decir recibir aquel Sacramento de Gracia por el cual entramos a formar parte de la Comunidad de la Iglesia, del "cuerpo místico de Cristo", e insertar a la persona bautizada en una relación personal con el Dios de Jesús, con el Dios Trinidad. Por lo tanto, no se trata sólo de mantener y respetar aquel sentido de lo sagrado que todavía permanece en el corazón de muchas familias y que los padres no saben explicar con las palabras litúrgicas y doctrinales de la Iglesia. Habrá que acoger la petición del bautismo con mucha delicadeza, pero dejando claro que no es sólo asegurar una especial protección divina y menos aún un simple reconocimiento oficial en un registro eclesiástico. Hace falta ayudar a los padres que, libremente, piden esta celebración para sus hijos a querer descubrir el sentido de este acontecimiento y a prepararlo esmeradamente, cuando menos porque están tomando una decisión en nombre de unos hijos que todavía no pueden ni aceptar ni rechazar este bautismo y se comprometen a educarlos y acompañarlos hacia una madurez que los hará capaces de elecciones personales responsables. Pedir el bautismo tiene que suponer la voluntad de dialogar sobre esta decisión para intentar asegurar que "sabemos aquello que vamos a recibir", como decían cuándo yo era niño. Y es importante también conversar sobre la necesidad de asegurar un seguimiento educativo y catequético del niño que recibe el sacramento ... Como decía un sacerdote francés: "No se puede pedir entrar en un club de buzos y después negarse a poner la cabeza bajo el agua". Sin embargo encontramos ciertas resistencias cuando pedimos participar en sesiones de preparación. Pensemos. Recibid el saludo de vuestro hermano obispo, X Joan Piris Frígola Obispo de Lleida |