"CORPUS": jornada de la Caridad

14 Junio 2009

Celebrando hoy la Solemnidad del "Corpus Christi", quiero hacer una llamada a reavivar la Fe en la presencia salvadora del Resucitado en el Sacramento de la Eucaristía. Fue la experiencia de Jesús vivo lo que cambió radicalmente a los primeros discípulos: de cobardes llenos de miedo, preocupados más por los primeros sitios que por el servicio, pasan a jugarse la vida en la tarea de restaurar la humanidad según el proyecto y el mandamiento del Señor. Desde entonces, y hace más de dos mil años, saber que Él está vivo es lo que nos sigue reuniendo a los cristianos cada domingo, "el día del Señor", para celebrar la Eucaristía, la comida festiva "memorial" de la Pascua ("paso") del Señor y fuente y cima de toda la vida cristiana" (LG 11). Esta nueva manera de presencia es eje, fuente y exigencia del amor que nos mueve y que, el día de CORPUS, veneramos de una manera peculiar también con la procesión pública.

Jesucristo ha venido al mundo y, por amor, ha asumido nuestra humanidad desposeyéndose de su gloria. Y en la Santa Cena, también por amor, ha querido hacer 'estable' su presencia bajo las apariencias del Pan y del Vino, elementos que desaparecen para dar vida a quien los toma. "Sentarse en su Mesa" significa que queremos hacer presente y eficaz este mismo amor. Y además, como nosotros creemos que en la Eucaristía el Resucitado "vive y actúa", también le damos importancia a estar con Él con tiempo y paciencia dejándose "amoldar" (en la contemplación delante del Sagrario o delante del Señor "expuesto").

Jesús, la noche de la Cena, nos ha pedido permanecer en Él, y también vivir unidos entre nosotros. Una unidad y 'comunión' que es exigente: porque quiere decir concordia (comunión de sentimientos en Jesucristo); quiere decir un interés seriamente solidario (participar en las alegrías y sufrimientos de los otros); quiere decir fraternidad y por lo tanto igualdad en la caridad.

Por lo tanto, como consecuencia de la Comunión eucarística, nuestro afán tiene que ser generar "comunión" en la vida de cada día con comportamientos evangélicos: creciendo en comprensión, en capacidad de perdón, en amor efectivo, en comunión solidaria, superando todo aquello que separa y acercándonos más los unos a los otros. Comulgar es siempre profesar públicamente la concordia, la solidaridad y la igualdad: una fraternidad real y visible.

La Eucaristía es así una presencia que nos fuerza a salir de nuestra tranquilidad, y nuestra participación en ella tiene que ser ocasión de replanteamientos vitales (Hechos 2,42; 4,32). Implica querer sentirse unido a Jesucristo y, por lo tanto, a los hermanos en la ayuda mutua hasta llegar a la comunión de bienes (el verdadero Amor mueve a compartir y repartir). Así empezó la comida de caridad o 'ágape' ("la Eucaristía" de los Apóstoles).

De hecho, cuando estos "ágapes" degeneran por las divisiones en Corinto, san Pablo avisa seriamente: "quien come el pan o bebe el cáliz del Señor indignamente, será culpable de profanar el cuerpo y la sangre del Señor". Porque la Eucaristía y la comunión fraterna tienen que ir siempre juntas, y tenemos que reconocer a Jesús presente en el Santísimo Sacramento y presente también en los hermanos.

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

X Joan Piris Frígola

Obispo de Lleida