Sobriedad y solidaridad

7 Junio 2009

La situación que estamos viviendo está reclamando de todos sobriedad y solidaridad con el fin de ayudar a tantas personas y familias en dificultad. Curiosamente, en ninguna época se ha hablado tanto de la dignidad y los derechos de las personas, que todos reivindicamos como un principio inalienable. La teoría nos la sabemos y la recordamos en todas partes. Pero los interrogantes empiezan cuando tenemos que conjugar lo que decimos con la solidaridad necesaria, que es lo que demostrará que estamos hablando de la dignidad y derechos de cada uno y de 'todos'.

Y está aquí donde hay que hacer entrar también un asunto que los cristianos (y toda persona de buena voluntad) no podemos olvidar nunca: se trata del "bien común", que en el Concilio Vaticano II se explicitaba como aquel "conjunto de condiciones de la vida social que hace posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros la consecución más llena y más fácil de la propia perfección" (GS 26).

El mismo Benedicto XVI pedía en el mensaje de la Jornada Mundial de la Paz de este año "una revisión profunda del modelo de desarrollo dominante". Decía que esta crisis la tenemos que leer en profundidad, como un síntoma grave que pide intervenir sobre las causas. Jesús diría que no basta coser una pieza de tela nueva en un vestido viejo (Mc 2.21).

Quiero agradecer a todos, y en particular a los servicios de acción caritativa y social diocesanos, parroquiales y otras instituciones de Iglesia, los esfuerzos que están haciendo. Pero hay que insistir, porque necesitamos la colaboración de todos, en que nadie piense sólo en asegurar su propia felicidad. Las situaciones de necesidad van aumentando y hay que combatirlas en nombre de la fraternidad para ayudar a construir una sociedad más justa y solidaria.

Hay demasiadas experiencias de necesidad que Dios no quiere y tenemos que luchar contra ella

Eso pide ir superando todas las formas de individualismo ... (también en la pastoral), e intentar conseguir una participación justa, proporcionada y responsable de todos con el fin de favorecer iniciativas de ayuda, fomentando a nuestro alrededor actitudes de superación, laboriosidad y generosidad con los más afectados por la crisis, y denunciando posibles corrupciones o fraudes, si hace falta.

Igualmente, tenemos que desear y pedir que se incrementen las partidas presupuestarias con el fin de atender las necesidades sociales a nivel de ciudad, de Generalitat y del Estado. Es una buena manera de redistribuir la riqueza y, en estos momentos, también parece imprescindible buscar el mejor aprovechamiento de los recursos, la buena gestión, la generación de trabajo digno, y mantener y aumentar las coberturas sociales propias de una democracia consolidada.

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

X Joan Piris Frígola

Obispo de Lleida