Información y responsabilidad

24 Mayo 2009

Recuerdo que, en pasadas Jornadas de Medios de Comunicación, Juan Pablo II decía que "han llegado a ser para muchos el instrumento principal de información y formación, guía e inspiración para el comportamiento individual, familiar y social".

La verdad es que la responsabilidad es grande tanto para los agentes como para los usuarios. Todos queremos vivir promoviendo un mundo mejor y eso pide una información veraz que nos ayude a reflexionar sobre los acontecimientos, de manera que podamos educar y educarnos en valores tan necesarios como la justicia y la solidaridad, el respeto por el valor y dignidad de cada persona y su derecho a no ser herido en aspectos de su vida privada o pública, etc.

Quizás nuestra experiencia de cada día en los medios no coincide siempre con este planteamiento, pero sería importante mantener ciertas convicciones en este campo, sobre todo por parte de los que tenemos alguna responsabilidad educativa.

Ser educador (y padre o madre) nos coloca en una situación de privilegio en la vida de otros. Lo sabemos y no lo vivimos ligeramente sino con preocupación. Ayudémonos pues los unos a los otros a acertar. Y procuremos contribuir todos a generar mensajes que favorezcan la apertura y la aceptación mutua, rechazando aquéllos otros que promueven la intolerancia y nos cierran a un futuro de convivencia.

¿No hay demasiadas personas que se dejan guiar sólo o preferentemente por los "titulares"? Sin embargo, hay que profundizar en la reflexión sobre los medios de comunicación y sobre su influencia. Queramos o no, los medios nos abren muchas ventanas por las cuales contemplamos la realidad y, aunque tenemos mucho donde escoger, pueden condicionarnos para bien o para mal. Hace pocos meses el Papa Benedicto ha enfatizado la necesidad urgente de la "infoética" en este ámbito.

Quiero agradecer particularmente el trabajo bien hecho de tantos periodistas que se esfuerzan para mantener un buen nivel de información en los temas que hacen relación a la Iglesia, verificando y contrastando las noticias y superando la tentación fácil de lo anecdótico o de la primicia informativa. Es así como se puede mantener el prestigio de aquellos profesionales valerosos y testimonios auténticos de la verdad, que nunca han faltado ni faltarán en esta difícil tarea de la comunicación pública y publicada. Les animo a continuar sirviendo con responsabilidad el bien común y colaborando con su aportación diaria en la construcción de una sociedad más humana y fraterna.

Como escribía Manuel Lozano Garrido, el Lolo, en su "Decálogo del Periodista": "Trabaja el pan de la limpia información con la sal del estilo y la levadura de aquello eterno y sírvela troceada por el interés, pero no le usurpes al hombre el gozo de saborear, juzgar y asimilar".

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

X Joan Piris Frígola

Obispo de Lleida