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Testimonios del infinito 17 Mayo 2009 Ésta es una expresión que le leí a nuestro buen teólogo, el Dr. Rovira Belloso, y que siempre me ha gustado para calificar a un cristiano. Pienso que, efectivamente, en toda persona hay este anhelo hacia el infinito y por eso hay también tanta insatisfacción. Es muy difícil quedar satisfechos por cualquier meta alcanzada. Pero los cristianos sabemos que en Jesucristo está la respuesta porque en él "aquél en lo que los hombres llaman Dios" (santo Tomás) ha decidido vincular su plenitud solidarizándose con la fragilidad humana (como canta el salmo 8). Todo aquél que llega a descubrir eso intenta caminar por el mundo con la esperanza puesta en la eternidad y trata de vivir con entusiasmo y tensión vigilante porque el nuestro es un tiempo de responsabilidades. Recibimos la vida como un don abierto a todas las posibilidades y, aunque encontramos a nuestro alrededor poca sensibilidad para las cosas profundas, nos sabemos llamados (y capacitados) para mostrar en lo ordinario de nuestra historia aquél que consideramos nuestra riqueza, como nos dice san Juan: "Os anunciamos aquello que existía desde el principio, aquello que hemos sentido, que hemos visto con nuestros ojos, que hemos contemplado, que hemos tocado con nuestras manos. Os hablamos del que es la Palabra de la vida, ya que la vida se ha manifestado: nosotros lo hemos visto y damos testimonio, y os anunciamos al que es la vida eterna, que estaba con el Padre y se nos ha manifestado. A vosotros, por tanto, os anunciamos aquello que hemos visto y oído..."(1Jn 1, 1-3). "Cristo es la plenitud del hombre en la medida en que sólo en él se puede apagar la sed de infinito que lleva en su corazón y encontrar así una plenitud a la que tiende constantemente según dicho de san Agustín: ''Nos habéis hecho, Señor, para vos y nuestro corazón está inquieto hasta descansar en vos''. El hombre sin Cristo tiene el peligro de no encontrar la clave de su existencia y de ir buscando el infinito entre realidades creadas que no lo son. El hombre está creado para el infinito y, en este mundo, el infinito es Cristo encarnado" (Sayés, J.A.). ¿Cómo podemos ser testimonios del infinito sin este tipo de "experiencia", que siempre será gracia, alimentada permanentemente con un verdadero contacto con la Palabra de vida? Éste tiene que ser un punto de revisión permanente para un bautizado: ¿cómo y en qué medida vivo "centrado" en Jesucristo, pendiente de toda palabra que sale de su boca y confrontando sistemáticamente mis criterios con los suyos, sin excluir nada? No es ésta una tarea que se tenga que posponer para el tiempo de vacaciones. Hacerlo periódicamente y de manera sistemática es un deber ineludible. Y hacerlo llenando de contenido tiempos libres, vacaciones incluidas, puede ser una buena manera de asegurar una respuesta coherente. Recibid el saludo de vuestro hermano obispo, X Joan Piris Frígola Obispo de Lleida |