Estamos hechos para la fiesta

10 Mayo 2009

Es seguro que las próximas fiestas de San Anastasio darán oportunidad a todo un pueblo para expresarse con gestos y actitudes de una alegría fácilmente contagiosa. Todas las fiestas tienen un componente "comunitario" bien evidente (y generalmente social y religioso). El ser humano no es únicamente una fuerza de trabajo o un sujeto de derechos o un consumidor de productos.

Los seguidores de Jesús tenemos que alegrarnos de todo aquello que contribuya a potenciar este dinamismo "comunitario" y tenemos que hacernos presentes (tenemos que ser "signo e instrumento") valorando más y más los aspectos no verbales de nuestra presencia en la sociedad en cualquier circunstancia, con el fin de ayudar a hacer realidad una gran aspiración humana: la fraternidad entre todos. Los evangelistas dejan bien claro que, además de la palabra, también los acontecimientos y las acciones de la vida de Jesús revelan la presencia de Dios ... (Mt 11,3-5).

Es seguro que vivir y hacer vivir generosas experiencias de fraternidad, no solo con palabras sino con la vida de cada día, nos ayudará siempre a abrirnos a la trascendencia y, además, un pueblo que celebra la vida de manera "vibrante" es, sin duda, un pueblo que disfruta de buena salud.

La verdad es que "estamos hechos para la fiesta" más que para el luto, como confiesa la humanidad creyente: nuestra vida es participación del Dios de la Vida, a imagen y semejanza del cual hemos sido creados.

Sería absurdo querer negar que hay demasiadas cosas que nos hacen sufrir. Ahora mismo vivimos una situación de crisis que, aunque sea coyuntural y transitoria, comporta mucha problemática a las personas, a las familias y a toda la sociedad. Desgraciadamente a lo largo de nuestra historia no han faltado ni faltan experiencias de muerte. Nos acompañan "desde el origen". Pero seguiremos enfrentándonos con esperanza al mal (dolor, enfermedad, pobreza, injusticia, discriminación, y toda clase de actuaciones personales y sociales que impidan "vivir" ...) implicándonos solidaria y responsablemente.

Quienes hacemos lo posible para construir nuestras vidas y las de nuestros hermanos sobre el acontecimiento salvador de Cristo Resucitado, estamos convencidos que el mal no podrá ya tener la última palabra.

Por eso, bienvenida la fiesta: nos gusta la fiesta. No puede ser de otra manera ya que estamos creados para una fiesta "eterna".

A todos los que vamos a celebrar estas fiestas en esta "terra ferma" y en los que vendrán a acompañarnos en esta experiencia de gozosa fraternidad, quiero expresarles mis mejores deseos. Y a todos los que las hacen posibles con su esfuerzo, también un sincero agradecimiento.

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

X Joan Piris Frígola

Obispo de Lleida