Celebrando bodas

3 Mayo 2009

El próximo día 9 de mayo, acompañaremos a unos cuantos Sacerdotes en la celebración de los sus 25, 50, 65 ... años de ordenación, reconociendo que el sacerdocio ministerial es "don y misterio" (Juan Pablo II). El sacerdote ofrece con generosidad al mundo el misterio de su vida que es Cristo mismo, fuente y llamada a la santificación, sabiendo que no puede cumplir coherentemente y con eficacia su misión si no es confiándose totalmente, al amor de Dios en Jesucristo. Todos estamos llamados a hacer experiencia de este amor y a reforzarla y profundizarla y hacerla crecer acogiéndolo en libertad, o mejor, entregándole nuestra libertad.

Nuestros tiempos no son fáciles para ser sacerdotes, pero nunca ha sido fácil "llevar la buena nueva a los pobres, proclamar a los cautivos la libertad y a los ciegos el retorno de la luz, libertar a los oprimidos, proclamar el año de gracia del Señor" (Lc 4, 18-19). Jesús no dijo nunca a los suyos que anunciando el Evangelio se verían cubiertos de flores. Él mismo es un signo de contradicción (Mt 2,34). Comprendiendo nuestra identidad como configurada a Jesús, sabemos que las pruebas formaban parte de su vocación.

Hacer presente el Evangelio de palabra y de obra puede complicarnos la vida, pero es así como prueba su eficacia: sólo se ata a aquél que estorba. Un mensaje que no suscitara oposición se reduciría a buenas palabras y temer los riesgos de anunciar el Evangelio sería ya renegar. Eso sí, tenemos que hacerlo descartando todo tipo de violencia y toda presión moral (sin "inquisiciones" ni "índice"), pero protegiendo la fe transmitida por los apóstoles y difundiéndola.

Yo quiero agradecer a estos hermanos que celebran 'bodas' (y a los demás) todo aquello que hacen y han hecho sin escatimar esfuerzos en su vida de pastores, de sacerdotes de Jesucristo, testigos de Aquél cuya vida acabó con la muerte en cruz y resucitó para una vida nueva. Y les deseo que su ministerio continúe estando lleno de fervor, alegría y esperanza en el Espíritu Santo, bien abiertos a Dios en la plegaria, en la entrega a los otros, en el cuidado de los enfermos y de aquéllos que necesitan de manera especial nuestro acompañamiento.

Continuáis saboreando el encuentro personal con Cristo en la escucha de la Palabra, en la celebración "sentida" de los sacramentos, en el 'ministerio de la plegaria' ... recordando y profundizando los textos y gestos de la ordenación, claves espirituales de nuestra vida y ministerio en vistas a un mejor servicio en el Pueblo de Dios.

Jesús, en el cual estamos llamados a referir la propia existencia, es una persona viva, un acontecimiento que penetra en la trama de nuestras relaciones y con el cual se nos pide identificarnos cada vez más. El sacerdote es ungido con el mismo Espíritu de Jesucristo para ser enviado a la misma misión de Jesucristo.

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

X Joan Piris Frígola

Obispo de Lleida