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Nuestra acción caritativa y social 26 Abril 2009 Al acercarse el primero de Mayo (fiesta del Trabajo), quiero expresar mi admiración y reconocimiento por un trabajo especial: el de tantos cristianos, que, movidos por el Espíritu de la "caridad", hacen presente el Reino de Dios que es justicia, verdad, libertad, paz y, en definitiva, amor. De una u otra manera buscan hacer eficaz el mensaje "salvífico" del Evangelio al servicio de la humanidad. Y lo hacen viviendo sus compromisos sociales (familiares, profesionales, sociales y políticos) en coherencia con la fe que profesan y como levadura de una nueva sociedad. Los tengo presentes, los felicito y los animo a seguir, a la vez que quiero acompañarlos en las dificultades que encuentran en nuestro mundo "secularizado". Ciertamente, la acción evangelizadora de la Iglesia es muy compleja y tiene y tendrá modalidades históricas diferentes, pero sus raíces son el amor y la caridad del Espíritu que anima a la Iglesia y que tiene una dimensión particular a la que no querríamos renunciar: expresar y testimoniar el amor "gratuito" de Dios Padre que no busca más que el bien de aquéllos que ama indiscriminadamente. Afortunadamente, la gratuidad y la actuación desinteresada sigue estando muy presente entre nosotros de muchas maneras, manteniendo así la identidad de aquello que nombramos "acción caritativa y social" de la Iglesia, y que manifiesta un amor evangelizador que no tendría que confundirse ni diluirse y que tenemos que hacer claramente perceptible. Además, está también la dimensión "eclesial" de la caridad que tiene que animar la actuación de los miembros de nuestras comunidades. La fe y la comunión con la Iglesia no se tienen que dar por supuestas ... Cada uno tiene que cuidar su interioridad y tenemos que respetar el proceso de fe de cada uno, pero sin renunciar a la coherencia que tiene que existir entre el ser de los agentes de la caridad y las obras que realizan: la fe y la caridad que todos pedimos a la Iglesia en general, tiene que estar también operante en la motivación personal de aquéllos que la representan y actúan en su nombre en el ámbito de la acción caritativa y social. Sus programas y actividades tienen que ser una respuesta al llamamiento que hacen los "pobres" a la Iglesia de Jesús.
Si
nuestra
sociedad
va
generando
"nuevas
formas"
de
pobreza
y la
conciencia
social
no acaba
de
despertarse,
la
Iglesia
tiene
que
descubrir
dónde
están
aquellos
pobres y
tiene
que
llegarse
aunque
no se
les
reconozca
como
tales y
nadie se
ocupe.
Pero
también,
cuando
un campo
está
suficientemente
atendido
por
otras
personas
o
entidades,
la "caridad
eclesial"
tiene
que
ceder el
campo y
tratar
de
atender
otras
necesidades.
Tendríamos
que
ayudarnos
los unos
a los
otros a
descubrir
más y
más
aquello
que
puede
significar
"ir
a
los más
pobres",
a los
más
alejados,
sin
dejar a
los que
están
más
cerca y
también
son
realmente
"pobres". Personalmente sé que, sean las que sean las competencias propias o delegadas de cada persona, grupo o asociación de Iglesia (de clérigos, de laicos o de religosos/es), el Obispo continúa siendo el primer responsable, tiene que asegurar el carácter "eclesial" de vuestras iniciativas en este ámbito y querría acertar a serviros como vínculo de comunión. Confío y agradezco vuestra ayuda. Recibid el saludo de vuestro hermano obispo, X Joan Piris Frígola Obispo de Lleida |