La experiencia de Emaús

19 Abril 2009

Aquellos dos discípulos de Jesús (cf. Lc 24) se marchaban frustrados porque las cosas no habían salido como ellos esperaban. Había signos que aconsejaban revisar su decisión ("algunas mujeres habían ido al sepulcro y decían que...") pero no dieron crédito. Habían recortado su nivel de pertenencia afectiva al grupo y huían hacia experiencias que les dieran más satisfacciones. Si se hubieran fiado de aquellas mujeres -primeros testigos del Resucitado- a pesar de que en el siglo 1º su testimonio no valía ante ningún tribunal, se hubieran ahorrado el viaje.

Hoy, la comunidad cristiana sigue puesta a prueba en muchos lugares y a veces parece que escoge "huir" o "distanciarse" ... Así no parece probable que podamos ofrecer la esperanza que nos da el Resucitado. Tendríamos que recuperar el estilo del mismo Jesús, aunque el mundo parece que no quiere fiarse.

Para dar esperanza tenemos que protagonizar testimonios y experiencias salvadoras, de palabra y de obra, que progresivamente lleven hacia el reencuentro ("Jesús se les acercó y caminaba con ellos" ...). Tenemos que aprender y practicar la pedagogía de Jesús para llegar a poder compartir desde dentro de tantas historias de hermanos nuestros que van conversando por el camino de la vida, buscando y haciéndose preguntas. Pero para eso hay que caminar a su paso, con discreción y respeto, sin invadirlos.

En el texto de referencia se dice que "sus ojos eran incapaces de reconocerlo" (v.15) pero seguirán hablando con él porque Jesús parece amigable y, casi naturalmente, lo introducirán en la conversación. Él hubiera podido intervenir iluminándolos en un instante pero su metodología es el estímulo progresivo, la pregunta oportuna, haciendo salir la cuestión gradualmente y llenando de signos la historia ordinaria para que se le reconozca. No los corrige diciéndoles que estaban equivocados, sino haciendo que ellos mismos pongan en claro aquello que tienen dentro de si. Hace la pregunta justa sobre el objeto de la conversación y sobre su estado de ánimo (v.17).

Esta experiencia enseña que, aunque se haya bloqueado la esperanza y la confianza, cuando ellos vuelven nuevamente a ser capaces de amistad, de acogida, y hacen sitio al peregrino y lo invitan a casa y lo hacen sentarse a la mesa, es cuando lo "reconocen", cuando se les manifiesta, y cuando tienen experiencia de salvación, de Jesús vivo, en aquel gesto ritual del "partir el pan" (la comida eucarística).

Alimentaremos la esperanza a base de relaciones interpersonales plenas, como lo es la experiencia mil veces repetida de la Fracción del Pan en la cual el Señor aparece velado, pero está presente. Únicamente el gesto de partirse, de darse, aclara las cosas hasta el fondo. La experiencia del compartir hace "abrasar el corazón" (v 32).

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

X Joan Piris Frígola

Obispo de Lleida