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No estamos "recordando" a un difunto 12 Abril 2009 Dios ha tomado la iniciativa resucitando a Jesús y así nos ha revelado quién es y al mismo tiempo nuestra destino. La afirmación de los cristianos en Pascua es una experiencia "objetiva": "Éste es el día que ha hecho el Señor". El apóstol Pedro lo anuncia así: "Dios resucitó a aquél que vosotros matasteis". La resurrección no se puede separar ni entender sin haber pasado por la muerte. Afirmamos con toda la Iglesia que aquél que se entregó, Dios Padre lo ha resucitado: el Crucificado "es" el Resucitado. Todo forma una idéntica realidad. No se puede participar en la Resurrección si no se participa en la Crucifixión ... Para nosotros el gran referente es también el cambio total experimentado por los seguidores de Jesús. Mediante gestos bien sencillos en las apariciones (comida con ellos, etc.), los mismos que antes huyeron..., aquellas personas rotas el viernes ("defraudadas"), quedan totalmente "cambiadas" el domingo (de repente, y no por iniciativa propia) y sin olvidarse de lo que había pasado. "La alegría de la resurrección parece a veces que tiene poca incidencia en la vida diaria: experimentamos el sufrimiento muchas veces y quizás tenemos poco a nuestro alcance la experiencia de la alegría pascual ... Por eso es muy importante, comprender qué significa "anunciar la alegría del Resucitado", qué impacto tiene esta verdad en el sufrimiento del mundo y en el cambio de las situaciones que, como cristianos, debemos y queremos producir". (C. Martini). Parece que muchos tenemos una asignatura pendiente: la experiencia fuerte y la vivencia jubilosa del Señor que triunfa y pide comunicar este triunfo. Tenemos que predicar 'con hechos' la alegría de la Resurrección, que es aquello que más hace falta: para eso estamos en el mundo los seguidores de Jesús. Si tenemos que compartir los dolores de la gente no es sólo para intentar aliviarlo sino para aportarle la capacidad de "transformar" el dolor ofreciendo esperanza. Es nuestra participación en su victoria sobre la muerte. El dolor es malo pero queda situado en otro contexto. No predicamos el ahorro de lágrimas, ni de disgustos, ni de cruz. Pero para el cristiano no son la última palabra de la vida. Eso es lo que nos permite "recibir" más y mejor el dolor propio y el de los otros. Porque la última palabra es el Señor Resucitado. No para que el cristiano sea más fuerte sino porque tiene la experiencia de que la vida es un proceso que no acaba en la muerte. Por eso el cristiano no puede dejar llorar a nadie sin acompañarlo, y tiene que "compartir" ... (cómo lo hizo Jesús) ayudando a "transformar". ¡Tenemos vocación de resucitados! Y eso es lo único que modifica de verdad las situaciones. Porque la única fuerza capaz de crear una comunidad de corazones es el don del Resucitado, aquel Espíritu que produce en nosotros caridad, disponibilidad y prontitud para el servicio. Intentemos vivir y predicar el Misterio Pascual como experiencia de Dios que salva Recibid el saludo de vuestro hermano obispo, X Joan Piris Frígola Obispo de Lleida |