Una experiencia de comunidad diocesana

5 Abril 2009

 

La Pascua de Jesús, su paso de Muerte a Vida "Glorificada", tiene una importancia enorme para los cristianos (y para toda la Humanidad), abre muchas posibilidades a nuestra vida de cada día y nos ayuda a comprender como "el tiempo y la historia son el espacio sacramental de la esperanza" (Pere Casaldáliga).

Por eso, el día de la Resurrección y cada ocho días (cada domingo es el gran día de la familia pascual), cuando nos reunimos para celebrar la Pascua (en la Eucaristía de la comunidad), acogemos, repensamos y proclamamos la Palabra de Dios, hombres y mujeres bautizados que hemos sido privilegiados generosamente por el Espíritu con sus dones, sus carismas ... La Asamblea Pascual, la celebración de la Eucaristía del domingo, día del Señor, tiene que ser para nosotros la ocasión de meternos en la plenitud de los dones del Resucitado, "junto con los otros hermanos y para el crecimiento de todos". ¡Cuántas personas hay en la comunidad cristiana de alta calidad pascual a quienes tendríamos que saber respetar y agradecer!

Dios quiera que sepamos vivir los problemas de cada día a la luz de la Pascua, siendo capaces de orientar la Palabra de Dios y la energía de la Resurrección hacia la superación de todo lo que limita la existencia humana. ¡Éste es un servicio precioso que los discípulos del Resucitado tenemos que hacer en favor de la humanidad redimida!

Os animo a participar total y conscientemente en lo que llamamos "sacratíssim triduo del crucificado, del sepultado y del resucitado" o Triduo Pascual, que tiene como Eucaristía central la de la Vigilia entre el Sábado y el Domingo.

Pero también quiero invitaros a todos a vivir una experiencia de comunidad diocesana "renovada por los sacramentos pascuales" el martes próximo día 7, a las 7 de la tarde, en la CATEDRAL. Allí, los católicos leridanos nos reuniremos en una celebración muy especial, la llamada MISA CRISMAL, en la cual serán bendecidos los óleos y consagrado el crisma con los cuales el Espíritu ungirá a los que serán bautizados o confirmados durante todo el año en nuestras comunidades, y también nuestros enfermos.

En este contexto cargado del dinamismo del Espíritu, los sacerdotes hacemos la renovación de nuestras promesas ministeriales, reconociendo al mismo tiempo el don que hemos recibido mediante la sucesión episcopal que nos lleva a los Apóstoles. Sacerdotes y Obispo formamos, juntos, el "presbiterio", una comunión sacramental, unidad de consagración y misión, constituida por la ordenación y no por ningún tipo de leyes, situaciones o costumbres. Compartimos esta comunión, solidaridad ministerial y corresponsabilidad pastoral, agradeceremos y nos confirmaremos mutuamente en la fe y en la confianza en Jesucristo que nos ha llamado a su seguimiento.

Personalmente quiero reconocer y agradecer la dedicación y la generosidad de mis hermanos sacerdotes que gastan su vida, su tiempo, sus fuerzas, su salud..., confiando en Jesucristo que los ha llamado y constituido pastores de su pueblo en este tiempo y en esta nuestra concreta Iglesia particular.

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

X Joan Piris Frígola

Obispo de Lleida