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La debilidad de la cruz y la fuerza de Dios 29 Marzo 2009 "Vivir no es tan sólo existir sino existir y crear, saber gozar y sufrir y no vivir sin soñar. Descansar es empezar" a "morir". (Gregorio Marañón). Al empezar el camino hacia una nueva Pascua (eso es la Cuaresma) me he vuelto a hacer la pregunta: si la experiencia de cada día demuestra que el ser humano no se sacia nunca, por más que lo disimule, ¿por qué vivir bebiendo en "cisternas resquebrajadas" (Jer 2,13) cuando estamos sedientos de infinito? (Ps 42,1-6). Hoy hay demasiadas actitudes depresivas entre cristianos, como las de aquellos discípulos de Emaús (Lc 24) que "marchaban" tristes y perdidos, profundamente desilusionados después de compartir el proyecto de Jesús. (Decían: "Nosotros esperábamos..." v.21). Hay demasiada gente vacilante a la cual tendremos que alimentar con la Palabra salvadora, ocasional o sistemáticamente, y el cansancio de los cuales tendremos que sostener con experiencias "eucarísticas" para que vuelva a "abrasarse" su corazón. Para bastantes de nuestros bautizados, las experiencias vividas en otros tiempos y que les habían llegado a ilusionar son ya capítulo cerrado: "estamos de vuelta de todo aquello", dicen. Han vivido frustraciones dolorosas y ahora andan quizás entre la inercia y el conformismo ... En los de Emaús es la cruz la que les rompió la perspectiva. Ellos esperaban una intervención clamorosa desde arriba, según la idea que se habían hecho del Mesías, pero no pasó nada de eso. (Y es que tendremos que repetir muchas veces que el Evangelio no siempre contesta nuestras preguntas, mejor nos las cambia y las ajusta a aquello que deben ser.) Contra todos los "milenarismos", presuntas apariciones o búsqueda de pruebas abrumadoras, no se tiene que esperar nada más diferente a lo sucedido con Jesús. Es conocido como san Pablo se presenta anunciando a Jesucristo "crucificado" y diciendo que está en la debilidad de la cruz donde se manifiesta toda la fuerza del Espíritu de Dios. Es un hecho incontestable que en su misma experiencia personal él ha pasado, de ser un perseguidor y utilizar la violencia contra los cristianos, a hacer de Jesucristo crucificado la razón fundamental de su vida y el motivo de su predicación. Aquellas comunidades cristianas a las cuales Pablo dirigía sus cartas conocen y creen que Jesucristo ha resucitado y está vivo, pero él quiere recordarles (cómo lo hace también a nosotros ahora) que el Resucitado es siempre Aquél que ha sido crucificado. En "el escándalo" y la "locura" de la Cruz, allí donde parece que no hay más que dolor y derrota, dice él que se manifiesta toda la fuerza del Amor de Dios porque la Cruz de Jesús expresa la entrega por amor en un contexto aparente de debilidad. Dios acostumbra a servirse de aquello que a nosotros nos parece débil pero que, en el fondo, es máxima expresión de la gratuidad del amor. Recibid el saludo de vuestro hermano obispo, X Joan Piris Frígola Obispo de Lleida |