En un contexto de indiferencia

8 Marzo 2009

Hace unos meses, los obispos de Francia reflexionaban sobre la indiferencia religiosa y la visibilidad de la Iglesia, preguntándose: ¿Qué estamos llamados a hacer visible en medio de una sociedad secularizada? ¿De qué estamos hablando cuando reflexionamos sobre la indiferencia religiosa y pedimos más visibilidad a la Iglesia?

Los estudiosos aportan sus testimonios y aclaraciones constatando que en nuestros lugares la Tradición cristiana y la Iglesia católica están un poco marginadas o desvaloradas. La visibilidad de la Iglesia va decreciendo en muchos ámbitos y hay quien pide iniciativas que refuercen su visibilidad y la hagan notar más presente. Otros subrayan que descubrir estos desafíos nos tendría que hacer pasar de una inquietud justificada a un discernimiento espiritual, a una lectura de nuestra historia que nos lleve a intentar comprender este fenómeno de la indiferencia más a fondo y de manera más crítica, analizando sus causas y su evolución, y no tan sólo a hacerle frente adoptando posturas combativas.

¿No sería mejor multiplicar por nuestra parte la oferta de experiencias de acompañamiento amoroso de tantas personas que circulan a nuestro alrededor buscando sentido a su vida? Hay incluso quien pide más experiencias de interiorización, aquellas experiencias espirituales que han sido siempre un terreno privilegiado de evangelización.

He leído que "la tentación de la indiferencia es contraria al deseo natural de Amor que hay en el corazón de las personas". Si eso es así, claro está que el lenguaje del amor será siempre el más visible para aquéllos y aquéllas que viven en los márgenes del camino.

Pidamos al Señor la capacidad de esforzarnos en superar la lógica de "salvar las apariencias" y tratemos de asegurar más lo fundamental de nuestra oferta de sentido. En un periodo como el nuestro de una cierta descomposición social nos hacen falta personas y comunidades cristianas más sólidas y bien fundamentadas en Jesucristo y en su manera de entender la vida y las relaciones humanas.

Definitivamente, si queremos seguir presentes de manera positiva en la construcción de una sociedad más de acuerdo con el Evangelio tendremos que reforzar más nuestro testimonio y aquello que la Iglesia llama "el primer anuncio". Tendremos que reavivar nuestras celebraciones litúrgicas de manera que dejen ver claramente una comunidad de hermanos y no tanto unos consumidores anónimos de sacramentos. Tendremos que multiplicar más y más los signos de servicio generoso a los pobres y, por las circunstancias particulares de nuestros países de vieja cristiandad, tendremos que hablar más de Jesucristo a los jóvenes antes de hablar de la Iglesia, un término que puede evocar hoy en día realidades equívocas y que tendríamos que utilizar con más precisión.

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

X Joan Piris Frígola

Obispo de Lleida