Economía de Comunión

15 Febrero 2009

Así llaman un proyecto nacido a finales del siglo XX, que lleva a las empresas a dividir sus beneficios en tres partes: una para ayuda a los necesitados, otra para “formación”, y una tercera para invertirla en la propia empresa. Es una iniciativa que va abriéndose camino en bastantes lugares y que sería bueno conocer más a fondo. 

He visto que se trata de empresas productivas en una situación de libre mercado, que han optado por reinstalar el elemento social (y espiritual) en el ámbito económico. Eso ha ido suscitando interés en ámbitos empresariales, académicos, eclesiales e institucionales. 

Puede parecer un atrevimiento utilizar la palabra ‘comunión’ en asuntos de economía, y sin embargo cada día son más los que creen que es adecuada, no solamente porque puede llevar a una distribución de la riqueza mucho mayor de lo que hasta ahora se ha hecho, sino también porque reclama la necesidad de que “la vida económica pase de ser un lugar de confrontación de intereses individuales, aparentemente irreconciliables, a ser una ocasión de encuentro y de realización personal”. (Benedetto Gui, profesor de economía política en la universidad de Padua). 

Así pues, lo que la Economía de Comunión propone es una visión del hombre más completa. Quiere ayudar a crear una cultura del dar, a diferencia de la economía consumista basada en la cultura del tener. La cultura del dar tiene relación con la comunión entre las personas y se expresa combatiendo la pobreza y trabajando por la unidad y la fraternidad de todos, como lo pide Jesucristo. 

En palabras de la inspiradora del proyecto, fallecida hace unos meses, Chiara Lubich, “Es una cultura del amor, de aquel amor evangélico tan profundo y comprometedor que es la palabra síntesis de toda la ley y los profetas, (…) La Economía de Comunión no es una actividad únicamente humana, un simple fruto de las ideas y los proyectos de hombres, por muy preparados que estén. Es una obra de Dios, por lo menos en su espíritu y en sus aspectos esenciales”. 

En una época de crisis preocupante como la que nos toca atravesar, tal vez tendríamos que aprovechar experiencias como ésta u otras. No hemos de querer inventar lo que ya está inventado. Quizá tendrá algún riesgo, pero qué empresa no tiene riesgo alguno? 

Que el Señor nos ilumine y nos impulse a pasar a la acción sumando esfuerzos y recursos para vivir y ayudar a vivir en mejores condiciones.

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

X Joan Piris Frígola

Obispo de Lleida