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A envejecer, se aprende?
1 Febrero 2009
Estos primeros días de febrero los Movimientos
Apostólicos de Mayores, y VIDA CREIXENT en concreto, celebran la fiesta
de sus Patronos Simeón y Ana.
Aprovechando este evento quiero dar a conocer la
siguiente oración que reproduce una postal del Monasterio benedictino de
Alba de Tormes (Salamanca).
Estoy convencido que es un mensaje que nos puede hacer bien a todos si
la rezamos con el corazón y sin reservas, sobre todo aquellos que vamos
entrando en una cierta edad.
“¡Señor, enséñame a envejecer como cristiano!
Convénceme de que no son injustos conmigo los que me quitan
responsabilidades, los que ya no piden mi opinión, los que
llaman a otro para que ocupe mi puesto.
Quítame el orgullo de mi experiencia pasada, el sentimiento de
creerme indispensable.
Señor, que en este gradual desapego de las cosas sólo vea la ley
del tiempo, y considere este relevo en los trabajos como valiosa
manifestación de la vida, que se revela bajo el impulso de tu
Providencia.
Pero ayúdame, Señor, para que yo sea todavía útil a los demás,
contribuyendo con mi optimismo y oración a la alegría y el
entusiasmo de los que ahora tienen responsabilidad. Que viva en
contacto humilde y sereno con este mundo que cambia, sin
lamentarme por el pasado que ya se fue, aceptando mi salida de
los campos de actividad como acepto con naturalidad sencilla la
puesta del sol.
Finalmente, te pido que me perdones, si sólo en estas horas
tranquilas del atardecer de mi vida, caigo en la cuenta de
cuánto me amas y me has amado. Y concédeme que, al menos ahora,
mire con mucha gratitud hacia el destino feliz que me tienes
preparado, y hacia el cual me orientaste desde el primer momento
de mi vida. Amén.”
Si aquel personaje de la Biblia de nombre Simeón, muy cargado de años,
cuando encontró a Jesús en brazos de su madre, exclamó que ya podía
acabar su historia en este mundo, nosotros tendríamos que vivir
demostrando que haber encontrado y seguido a Jesús es justamente lo que
nos da ganas de vivir y una mayor calidad de vida.
Procuremos hacer ver en la práctica que seguir el camino de Jesús es la
solución para acertar a encontrar sentido a la vida y para poder llevar
a efecto aquel mandato que recibió la humanidad desde el primer momento
de la creación: “Creced!...”
Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,
X
Joan Piris Frígola
Obispo de Lleida
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