Aquello que ha de ser prioritario

11 Enero 2009

Dios continúa escribiendo recto en líneas torcidas. Lo estoy volviendo a experimentar como aquel 13 de febrero de 2001 cuando, al proponerme el Sr. Nuncio en nombre del Papa presidir en la caridad la Iglesia de Menorca como Obispo mostrándome la hoja de mi ‘Currículum’ por si había que corregirlo yo le decía: “aquí falta poner que soy un pecador”. Hizo un gesto como diciendo: “Eso se supone, como el valor en el ejército”.

Ahora, cuando hace cuatro meses que sirvo a la Iglesia en Lleida, aún tengo muchísimo que agradecer al Buen Dios y a todos sus hijos que “peregrinan” en esta “terra ferma”. es un tiempo corto, pero ya hemos tenido muchas ocasiones de sentarnos juntos para pensar, analizar, rezar y buscar entre todos como ser mejores cristianos y qué hacer para presentar la persona y el mensaje de Jesucristo a nuestro alrededor.

Tengo que decir que me estáis ayudando a crecer en la fe, sobre todo cuando me pedís que hagamos nuestra Iglesia diocesana más creíble y mejor sacramento del amor entre Dios y los seres humanos. Son muchos los que me piden que deje de lado cuestiones que hacen perder tiempo, energías y recursos -resultando incluso algo escandalosas por muchos motivos-, y que yo dedique atención de manera prioritaria a las realidades de increencia con las cuales convivimos.

He podido ser testimonio de la preocupación de muchos de vosotros por anunciar a Jesucristo y “crear comunidad”, manifestándome la necesidad de poner en marcha experiencias positivas nacidas de la escucha de la Palabra de Dios y alimentadas por los Sacramentos. Yo también las deseo, pero tenemos que hacerlo siempre practicando aquella proximidad y diálogo que pide escucha, respeto y discernimiento... Me gustaría que miráramos más el futuro que el pasado, intentando promover algunos “servicios signo” y potenciando también experiencias que tengan muy presente problemas humanos como por ejemplo el desempleo, la inmigración, la vivienda...

La Iglesia tiene esencialmente una misión trascendente, pero la exigencia de la evangelización nos sitúa en la sociedad con una función de acompañamiento y de orientación de sus miembros y hemos de procurar injertar en las realidades humanas la perspectiva del Reino de Dios. En cualquier caso, hemos de seguir entendiendo nuestra misión como una presencia testimonial en la sociedad practicando los valores auténticamente humanos y evangélicos, ayudando a superar individualismos y localismos, a sentir la “responsabilidad de todos” y a educarnos en la mundialidad que es uno de los rostros de la catolicidad.

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

X Joan Piris Frígola

Obispo de Lleida