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Dadles vosotros de comer (Lc 9, 13) 4 Enero 2009 Somos muchos quienes creemos que la libertad y la salvación están entre nosotros por medio de Jesús. El Dios de Jesús se ha dado a conocer como un Dios que libera: el Éxodo y el Exilio del que habla la Biblia eran etapas preparatorias para una libertad mayor. “En muchas ocasiones y de muchas maneras, Dios antiguamente había hablado a los padres por boca de los profetas; pero ahora, en estos días, que son los definitivos, nos ha hablado a nosotros en la persona del Hijo” (Hebr 1,1-2). Este es el motivo fundamental por el que la Navidad cristiana que acabamos de celebrar, sin ignorar las realidades y experiencias de dolor y conflicto existentes en todas partes, es siempre una llamada a la alegría y a la esperanza. El gozo es una característica esencial de la vida cristiana porque “Dios ha preparado para los que le aman cosas que nadie ha visto ni oído y ni siquiera pensado. Estas son las cosas que Dios nos ha manifestado por medio del Espíritu” (1Co 2,9-10). Sólo el Espíritu descubre esta alegría y sólo la descubre a aquellos que le aman (que quiere decir “sirven”). Existe una analogía entre gozo-amor-servicio. Y es aquí donde quiero hacerme eco de la llamada del Papa Benedicto XVI en el Mensaje de la Jornada Mundial de la Paz del primer día del año nuevo, donde señala que si bien una de las vías maestras para construir la paz es una globalización que tiende a los intereses de la gran familia humana, hay que guiar la globalización con una fuerte solidaridad global entre países ricos y países pobres y también dentro de cada país, por rico que sea. La globalización puede ayudar a superar la marginación de los pobres del planeta únicamente si todos los hombres se sienten personalmente heridos por las injusticias y las violaciones de los derechos humanos que estos comportan. Es necesario facilitar el protagonismo de las personas y de los sectores pobres favoreciendo que se involucren ellos mismos. El Papa pide invertir en formación y en desarrollar de manera integrada una cultura de la iniciativa, y no hacerse la ilusión de que basta con la redistribución de les riquezas. Para combatir la pobreza construyendo la paz hacen falta hombres y mujeres que vivan a fondo la fraternidad y sean capaces de acompañar a las personas, familias y comunidades en el camino de un auténtico desarrollo humano. La Iglesia, como ha hecho siempre, no regateará esfuerzos en su servicio a los pobres ni dejará de sostener las iniciativas de solidaridad creativa. El mensaje concluye con una calurosa invitación a cada discípulo de Jesucristo y a tota persona de buena voluntad a hacer concretamente todo lo posible por ayudar a los pobres cambiando “sobretodo los estilos de vida, los modelos de producción y de consumo, las estructuras consolidadas de poder que rigen hoy la sociedad”. Nuevamente os desea un FELIZ AÑO NUEVO de parte de vuestro hermano obispo, X Joan Piris Frígola Obispo de Lleida |