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Una pregunta que hay que hacerse 21 Diciembre 2008 Jesús el Cristo será siempre una persona cargada de profundidad a la cual ya los que vivieron con él no acertaban a encasillar. Despertó muchas expectativas y provocó discusiones apasionadas, hasta que fue rechazado por los sectores más influyentes y ejecutado por las fuerzas de ocupación de aquel momento. Y cuando parecía destinado al olvido, sus desanimados seguidores tuvieron experiencias únicas: ellos lo habían visto muerto en cruz y ahora se les imponía como alguien vivo, resucitado por aquel Dios al que Él llamaba "Padre". A la luz de esta experiencia empezaron a comprender algo más del misterio de este hombre extraordinario, recogieron sus palabras como un mensaje liberador, reflexionaron mucho sobre su actuación y se entregaron del todo a difundirla aunque con eso se jugaban la propia vida. ¿Hoy, más de 2.000 años después, la pregunta de Jesús "Vosotros, quién decís que soy yo?" (Mt 16,13ss) sigue resonando y esperando respuestas precisas y testimoniales. "Nuestros conciudadanos piden a los creyentes de hoy no tan sólo hablar de Cristo, sino, en cierta manera, hacérselo ver. Nuestro testimonio sería, además, enormemente deficiente si no fuéramos los primeros contempladores de su rostro" (NMI, 16). Tenemos que insistir, pues: ¿Realmente quien es Él para nosotros? ¿Cuál es la centralidad de Jesús en nuestra vida? ¿Qué fuerza real está teniendo su palabra y cómo nos afecta? Porque tantas veces, con nuestra manera de vivir y de afrontar los acontecimientos, podemos estar dando una imagen no demasiado convencida como la de Joan Bautista en la prisión cuando envió discípulos a preguntar a Jesús: "¿Eres tú el que tiene que venir, o tenemos que esperar otro"? Y conocemos la respuesta de Jesús: "Id a anunciar a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan puros, los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres reciben el anuncio de la buena nueva. ¡Y feliz aquél que no me rechazará"! (Mt 11). Fijémonos bien porque Aquél que celebramos con ternura nacido en Belén es el mismo que después es "piedra de tropezar" para tantos que lo rechazamos en la práctica o, al menos, nos resistimos a vivir y orientar todo lo nuestro desde su perspectiva, sin excepciones. Hace falta revisar la radicalidad de nuestro seguimiento y no perdernos en discusiones bizantinas cargadas de prejuicios e intereses. No podemos dejar aparcado el Evangelio para según qué temas y utilizarlo a conveniencia. Nos tenemos que ayudar los unos a los otros con la humildad necesaria para rectificar lo que haga falta. Y tenemos que anunciar la Buena Nueva de Jesús, difundiéndola como lo hicieron los Pastores. El mundo espera y anhela respuestas y, por eso, nosotros en estos días estamos rogando y pidiendo: "Oh Rey y deseado de los pueblos, piedra angular que haces de los dos pueblos uno solo; ven y salva al hombre que creaste del barro" (Antífona de la O). Os deseo a todos una muy FELIZ NAVIDAD. Recibid el saludo de vuestro hermano obispo, X Joan Piris Frígola Obispo de Lleida |