"Crecer en misericordia"

14 Diciembre 2008

Muy pronto proclamaremos de nuevo la Buena Noticia de la Encarnación: "Y la Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria." (Jn 1,14). En el Credo decimos que Jesús es Dios viviendo nuestra vida humana, Dios compartiendo nuestra existencia débil de criaturas. Para nosotros, éste es el acontecimiento decisivo de la historia. Sin embargo, ¿somos conscientes de lo que decimos y de la interpelación que supone? El apóstol Pablo lo califica como el "misterio de la piedad ... manifestado en la carne" (1Tim 3,16): la misericordia del corazón del Padre Dios ante la incapacidad del hombre.

Prepararse, pues, a celebrar "en cristiano" una nueva Navidad pide querer reproducir (actualizar) esta comunión eficaz y transformadora que Dios Padre ha establecido con nosotros en su Hijo Jesús, "Dios-con-nosotros". Y eso quiere decir construir la convivencia humana encima de cimientos de misericordia, encima de aquel tipo de amor que reacciona ante la miseria de las personas y nos lleva a socorrer, a colaborar, a intentar solucionar cosas.

Gracias a Dios, en la Iglesia de Lleida hay muchos que se dedican a atender a las personas con problemas y a luchar contra las causas de la injusticia. Tenemos que defender clara y públicamente la dignidad y la vida de la persona en los diferentes ámbitos donde está amenazada, y nuestra manera de ayudar tiene que hacer que los pobres se sientan como en su casa en cada comunidad cristiana. Sin olvidar que el cristiano tiene que descubrir el rostro de Cristo particularmente en los necesitados y tiene que estar atento a toda la pobreza, además de las materiales. Si no cuidamos estas dimensiones profundas, la caridad cristiana puede quedar reducida a un humanismo filantrópico y nuestras comunidades cristianas en agencias sociales (NMI 50 y 52).

Por fuerza tenemos que señalar aquí el fenómeno de la inmigración, la complejidad que supone y los problemas y dramas humanos que frecuentemente lo acompañan: dificultades de integración social, marginación, abusos, etc. Resultaría especialmente doloroso encontrar cristianos que se sitúan delante de los inmigrantes con indiferencia (y peor aún si los perciben como una amenaza) porque es muy poco coherente con la fe cristiana y supone un gran déficit de aquel amor solidario que Jesús practicó abiertamente.

Permitidme pedir a la Comunidad diocesana de Lleida que intentemos todos vivir este Adviento y la Navidad del 2008 como una ocasión propicia para crecer en misericordia en favor de aquellos hermanos forzados a buscar calidad de vida fuera de sus países de origen. Practiquemos y hagamos practicar generosamente la acogida, el diálogo informativo, el acompañamiento y la comprensión, la gestión y la ayuda eficaz, el reconocimiento de sus derechos y la integración en nuestras comunidades.

Para los que celebramos el "Dios-con-nosotros" es un deber irrenunciable y una manera espléndida de testimoniar aspectos específicos de nuestra propia identidad.

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

X Joan Piris Frígola

Obispo de Lleida