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Revisemos los fundamentos 30 Noviembre 2008 La Iglesia (todos sus miembros) está llamada a considerar los "signos de los tiempos" como signos de la acción de Dios en la historia humana. Eso pide atención crítica a la realidad, dejándonos juzgar por las situaciones que nos toca vivir y superando el miedo (que puede ser un pecado contra la fe). Iniciando UN NUEVO AÑO LITÚRGICO (estrenamos el Adviento), os invito a asumir nuestras realidades buscando respuestas con responsabilidad, gradual y progresivamente -no tan sólo juzgando lo que va mal: "Hay que pensar en el futuro que nos espera ...; ... aprovechar el tesoro de gracia recibida traduciéndola en fervientes propósitos y en líneas de acción concretas ... Cada Iglesia analice su fervor y recupere un nuevo impulso para su compromiso espiritual y pastoral" (NMI, 3). Sabemos que para ser cristiano no basta ser "buena persona", ni siquiera basta cumplir materialmente los Mandamientos. Ser cristiano es querer motivar la vida, las actitudes y los comportamientos, desde "la opción" por el seguimiento de Jesús. Y claro está que la forma más común de ser cristiano que parece tener un buen número de nuestros conciudadanos (casarse por la Iglesia, bautizar a los hijos, asistir a Misa los domingos, enviar a los hijos a la catequesis; tener sentimientos humanitarios; vivir conforme a las normas de la buena sociedad...) da la sensación que no implica a fondo su vida personal y social. Practicar estos mínimos de la vida cristiana es muy positivo pero hacer eso sólo no puede entusiasmar a las personas más sensibilizadas humana y socialmente, y menos las nuevas generaciones, porque si el cristianismo no influye en la vida real no tiene sentido. Hay cosas que no se pueden compaginar de ninguna manera y son incoherencias insostenibles: si comparamos el Evangelio con los criterios que respiramos muchos cristianos en relación al dinero, al afán de dominio y posesión, al prestigio, a la convivencia, a la familia, a la educación, a la solidaridad con los que sufren, etc, podríamos descubrir un abismo de separación. Gracias a Dios, también va creciendo una conciencia cada vez más clara que el cristianismo según el Evangelio no es éste y que hay en nuestras comunidades y en nuestras propias vidas bastante de inauténtico, estamos inquietos, insatisfechos ... y eso es un rayo de esperanza. Bendecimos al Señor por esta inquietud y tratamos de ayudar a descubrir y promover más y más brotes de autenticidad en personas y comunidades, que van encontrando su razón de ser y de vivir en el Evangelio de Jesús e intentan realizar su tarea en el mundo teniéndolo en cuenta. Recibid el saludo de vuestro hermano obispo, X Joan Piris Frígola Obispo de Lleida |