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La paz con vosotros 23 Noviembre 2008 Según los entendidos, el Obispo tiene que utilizar esta fórmula para saludar a la Asamblea litúrgica. Son las palabras que el Evangelio reproduce cada vez que presenta la experiencia del Cristo resucitado: Paz a vosotros. Ahora yo siento la necesidad de invitar a mirarnos el año litúrgico que acaba (y el Adviento que empezaremos el domingo próximo) con el corazón pacificado, cosa que parece difícil si no está en la perspectiva del Cristo resucitado. Por eso, "no me canso de dar gracias por vosotros y os tengo presentes en mis plegarias. Pido al Dios de nuestro Señor a Jesucristo ... que ilumine la mirada interior de vuestro corazón para que conozcáis a qué esperanza nos ha llamado (Ef 1,16ss) Pero hoy por hoy, no es la esperanza aquello que más abunda en muchos lugares por todo el mundo y también en nuestra país. El presente no es demasiado pacífico y sobran polémicas agresivas y posturas beligerantes. Como ha dicho alguien, vivimos "tiempo de mucho bullicio y poco silencio; de muchas prisas y poca interioridad; de muchas instancias confusas y de pocas referencias trascendentes". Desde el servicio que me ha sido encomendado, querría acertar a hacer propuestas y animar a la comunidad leridana a encarnar experiencias esperanzadoras que faciliten la convivencia y nos aseguren a todos, a los de casa y a quienes nos vienen de fuera, la posibilidad de vivir de acuerdo con la dignidad de personas libres y responsables, capaces de silencio reflexivo, de interioridad y de trascendencia. El Concilio Vaticano II enseña que la misión de la Iglesia -de los cristianos- "no tan sólo consiste en ofrecer el mensaje y la gracia de Cristo, sino también en impregnar y perfeccionar con el espíritu evangélico las realidades temporales" (AA 5): "los bienes de la vida y la familia, la cultura, la economía, las artes y las profesiones, las instituciones de la comunidad política, las relaciones internacionales y otras realidades parecidas", son realidades que tienen un valor propio y al servicio de la persona humana y eso hace necesario "que los laicos asuman como obligación propia la instauración del orden temporal, y que actúen en él de manera directa y concreta, guiados por la luz del Evangelio y del pensamiento de la Iglesia y movidos por el amor cristiano" (AA 7). Intentemos, pues, "hacer ver" cada día mejor que es posible vivir en "la Paz de Jesús" haciendo de puente entre personas, tendencias, asociaciones, familias, grupos y pueblos. Recibid el saludo de vuestro hermano obispo, X Joan Piris Frígola Obispo de Lleida |