Iglesia en Lleida, 2008

16 Noviembre 2008

Al celebrar la Jornada de "Germanor" todos los bautizados tenemos ocasión de revivir que somos miembros de una Iglesia Particular o Diócesis presidida por un Obispo legítimo sucesor de los Apóstoles y en comunión con el sucesor de Pedro, y que participamos en una comunidad próxima a nuestra vida de cada día, acompañados y presididos por pastores que actúan en nombre del Obispo diocesano y en comunión con él.

Los católicos no somos una libre "asociación" de individuos con las mismas ideas religiosas. Sabemos que no hemos nacido por propia iniciativa y que nadie se hace miembro de la Iglesia por sí mismo sino por un don gratuito de Dios al llamamiento del cual responde generosamente. Mirémonos pues la Iglesia con realismo sin negar nuestras infidelidades (somos una comunidad siempre necesitada de conversión), pero también con fe: "vosotros sois el cuerpo de Cristo" (san Pablo). A pesar de todo, somos llamados a prolongar la misión de Jesús en la historia y poseemos su mismo Espíritu.

Por eso, la Iglesia no tiene que vivir encerrada en sí misma o agobiada por sus problemas internos sino que tiene que dar testimonio de una manera sencilla y directa del Dios revelado por Jesucristo" (EN,26). Hay que hacer una oferta clara y directa de trascendencia con palabras y obras haciendo ver que la fe en el Dios de Jesús es fuente y garantía de realización personal y de humanización para la sociedad.

Y uno de los aspectos del testimonio cristiano, especialmente urgente y significativo hoy, es justamente la solidaridad efectiva con los más frágiles. Eso será para el mundo señal de la "Buena Nueva" que anunciamos como un hecho. Puede ser que haga falta revisar también nuestras estructuras de pastoral (que no son inamovibles, como tampoco serán definitivas las nuevas) con el fin de ver la manera mejor de transmitir la fe y las formas de nuestra presencia testimonial en el mundo: respetando la quienes viven como si Dios no existiera y "oyendo" sus aspiraciones para comprenderlas, pero con un espíritu decididamente misionero que tenemos que "hacer explícito" y sin vergüenza.

Intentemos ofrecer signos visibles: "grupos" de seguidores de Jesús cuya vida arrastre, testimonios que transparenten aquello que celebran en los Sacramentos luchando realmente contra todo aquello que destruye o enajena a las personas. Rechazando abiertamente todo tipo de desigualdades y dejándonos interpelar sobre el uso de los propios bienes. Sufriendo por las divisiones y rogando y trabajando en favor de la unidad. Viviendo atentos a los problemas de la gente y aportando la luz de la fe para ayudar a percibir su significación última.

Yo ruego con (y por) la Iglesia Diocesana de Lleida de la que formo parte y la sueño así, y hago un llamamiento a todos sus miembros a la vez que también agradezco al Buen Dios todos los buenos ejemplos que voy encontrando.

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

X Joan Piris Frígola

Obispo de Lleida





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