|
Una verdadera espiritualidad: complementarios 9 Noviembre 2008 En ámbitos eclesiales se reivindica mucho aquello de "en las cosas necesarias, unidad; en lo dudoso, libertad; y en todo caridad". Es una manera de entender la vida que no tendría que ser sólo una estrategia para los tiempos de "vacas flacas" sino que tendría que constituir una verdadera espiritualidad. Lo que pasa es que practicarlo pide también no cerrarse de manera defensiva e inflexible en las propias posturas y fomentar con perseverancia y humildad más diálogo, más capacidad de escucha, más búsqueda en común. Todos sabemos que nadie se basta a sí mismo y que la complementariedad es una necesidad en todo lo humano. Cada persona, grupo y/o comunidad, tenemos particularidades innegables, pero tenemos en común que somos (individual y comunitariamente) "Iglesia de (y en) Lleida" y, a la vez, "ciudadanos", miembros de una sociedad humana bien concreta y con múltiples relaciones sociales, económicas, políticas, culturales, etc. Y eso nos pide no ignorar pastoralmente el entramado humano en lo que vivimos. Distinguir sí, pero no separar la fe y la vida. La fórmula que se hizo famosa durante la transición española ("mutua colaboración y sana independencia") puede ser válida para todos los tiempos. Recibir cada uno el saludo de vuestro hermano obispo. Por ejemplo, los católicos tenemos que contribuir decididamente a educar en favor de la justicia, intentando que se descubran más y se practiquen mejor valores como la honradez, la sinceridad, la paz, la convivencia, la dimensión trascendente de la vida, y todo aquello que vaya más allá de las utilidades inmediatas y que contribuya a ser mejores y no tan solo a tener más. Nosotros no tenemos que actuar fundamentalmente 'condicionados' por las urgencias del momento sin embargo, si sabemos acompañar solidariamente a nuestros conciudadanos y acertamos a presentarnos así como unos testimonios creíbles de Jesús y de su Evangelio, la nuestra será siempre una levadura capaz de hacer fermentar cualquier 'pasta'. Yo animo a los miembros de la Iglesia de Lleida a continuar abriéndose para anunciar y "dar testimonio, de una manera sencilla y directa, del Dios revelado por Jesucristo" (EN, 26). Las comunidades cristianas no son sociedades anónimas de tipo religioso: creer es incorporarse a una tradición viva que surge de Cristo y de los Apóstoles y llega hasta nosotros en la vida de comunión que es la Iglesia. Intentemos evangelizar sin enfrentamientos y ofreciendo experiencias positivas de comunión y complementariedad que provoquen interrogantes. Y hagámoslo siempre vinculados a la Iglesia, con conciencia de pertenencia a esta iglesia concreta de Lleida, actuando como miembros vivos y procurando transmitir fielmente lo que esta Iglesia cree, celebra y vive. Recibir cada uno el saludo de vuestro hermano obispo. X Joan Piris Frígola Obispo de Lleida |