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¿Vocación y misión desproporcionadas? 5 Octubre 2008 En estos momentos no puedo recordar la fecha, pero tiempo atrás, me encontré esta plegaria (de un tal Luis Sintas), que quiero compartir con vosotros.
Pues bien, a mi manera, yo también me veo retratado y continúo presentándome delante del y Señor delante de vosotros, hermanas y hermanos, con este espíritu: he recibido una vocación y misión superior a mis fuerzas humanas, y pido vuestro apoyo en favor de mi ministerio en Lleida con el fin de acertar y cumplir la voluntad de Dios; como María -la Virgen Blanca de la Academia- a la que estos días celebramos especialmente y que para nosotros es más que una “imagen”. Se trata de una persona viva y real con la que nos relacionamos y podemos dialogar constantemente. Desde que Jesús en la cruz, le dijo a su discípulo amado, que nos representaba a todos: “Aquí tienes a tu madre”, y éste “la acogió en su casa”, todos los cristianos tenemos la inmensa fortuna de tener la misma Madre que Jesús. Y como ella se lo toma muy en serio, cada uno de nosotros, tiene la experiencia gozosa de vivir acompañado por el amor maternal de esta mujer excepcional. A aquella joven mujer de Nazaret le fue concedida vivir una experiencia extraordinaria: ser la madre del Mesías. Acontecimiento grandioso al que hubo de hacer frente desde la humildad de su condición y su trajinar cotidiano en la vida familiar, avanzando en la oscuridad que comporta un itinerario de fe, con los condicionamientos impuestos por el ambiente que la rodeaba, etc. En el “sí” de María descubrimos también nuestra dignidad, la de toda criatura humana, mujeres y hombres que, ante el proyecto del Dios creador, podemos prestar o negar el consentimiento de nuestra libertad ... podemos convertirnos en colaboradores de Dios o nos podemos oponer a sus indicaciones. Esta es la grandeza de los humanos y también nuestra responsabilidad. Recibid cada uno el saludo de vuestro hermano obispo. X Joan Piris Frígola Obispo de Lleida |