Vida consagrada: seguiment de Jesús

Vida consagrada: seguimiento de Cristo

4 Febrero 2007 

Un hombre deseaba tener mucho oro, todo lo posible. Lo deseaba con tanta ilusión que no podía pensar en otra cosa. Ante el escaparate de una joyería, miraba todas las joyas, pero suspiraba por las más preciosas.

Un día no pudo resistir más. Entró decidido en la joyería, cogió de un zarpazo un montón de collares de oro y salió corriendo. 

La policía lo cogió rápidamente. Al interrogarlo, le preguntó: “¿Cómo pensaba poder escapar?  El negocio estaba lleno de clientes“. “Es verdad -dijo el hombre sorprendido- No me  había dado cuenta. Sólo veía el oro”.

El protagonista de esta sencilla  historia nos presenta una persona tan enamorada del oro, tan deseosa de poseerlo, que no veía otra cosa. Era persona de un único pensamiento: acaparar oro. Y vivía con esta obsesión . 

El cristiano ha de estar enamorado de Jesucristo, de sus palabras y de sus acciones. Y no tiene otra razón  justificativa de su vida que la de amar y amar, cada día más y mejor, a Jesucristo.

Cuando un grupo de perros, que participa en una cacería, ve una liebre se lanza a correr tras ella con la ilusión de atraparla. Pasado un tiempo, sólo persiguen la liebre aquellos perros que todavía la ven. Los que han perdido su visión empiezan a entretenerse  por el camino. La liebre ya no les interesa. Lo que los entretiene es contemplar las flores, beber aquella agua fresca… Entretenimientos que no llenan ni justifican su vida. 

A nosotros, lo único que puede llenar nuestro deseo de plenitud es: Cristo conocido, Cristo imitado y Cristo seguido. La vida consagrada tiene este significado profundo: haberse dejado enamorar por Cristo y perseverar gozosamente en este amor. Si deseamos que la vida consagrada siga un camino de conversión y de renovación, hemos de reemprender el caminar desde Cristo. Y es posible este caminar en Cristo, porque es práctica de los consejos evangélicos, vida fraterna y misión. (Cfr. VC 22,16,18…).

X Francesc Xavier, Obispo de Lleida