"Jo vull la pau"

"Yo quiero la paz"

7 Enero 2007 

“Yo quiero la paz; tú quieres la paz; nosotros todos queremos la paz”. Se puede decir que el deseo de paz está presente en el corazón de toda persona, porque cada uno tiene sus razones para amar o dejar de amar. Pero, nuestras guerras acostumbran a ser desavenencias que, a pesar de ser pequeñas, van royendo el corazón. 

Si no queremos guerra, nuestra estrategia puede consistir en moderar las tensiones, y cuando sufrimos una guerra sucia, no dejarnos llevar por nuestro carácter violento, sino hacer silencio en nuestro corazón, donde podremos escuchar la voz de Jesús, que nos dice: “Felices los que trabajan por la paz”. 

Me explicaron este consejo, que puede sernos muy útil y aleccionador. Dice así: “Si te has enfadado con tu hermano y te propones matarlo, antes siéntate y reza el Avemaría. Cuando hayas terminado la primera Avemaría, te darás cuenta de que la muerte es, quizá, un castigo excesivamente desproporcionado y decidirás propinarle una buena paliza. Reza otra Avemaría. Poco a poco te irás persuadiendo de que algunas palabras enérgicas pueden sustituir los golpes. Bien, reza la tercera Avemaría .Y cuando hayas terminado de rezarla, vete a ver a tu hermano y le darás un fuerte abrazo”. 

A lo largo de la historia han trabajado más por la paz las personas pacientes, bondadosas, no violentas, que tienen entrañas de misericordia y de perdón. Por dar algunos nombres: Jesucristo, la Virgen María, San Francisco de Asís, el beato Francesc Castelló, Ghandi, Martin Luter King, el beato Juan XXIII, Juan Pablo II, la beata Madre Teresa de Calcuta, el obispo Oscar Romero... 

Los violentos, los que imponen sus caprichos, los que no respetan los derechos de los demás, nunca podrán construir una paz “en amor y verdad”. 

San Pablo nos invita: “Haced lo posible, en cuanto de vosotros dependa, por vivir en paz con todos. No os toméis la justicia por vuestra mano, queridos míos, sino dejad que Dios juzgue; Él dará a cada uno su merecido”. (cf. Rom. 12, 18-19). San Pedro nos enseña que ésta fue la actitud de Cristo: “Injuriado, no devolvía las injurias; sufría sin amenazar, confiando en Dios, que juzga con justicia”. (1 Pe. 2,23). 

Con el eco de la Jornada Mundial por la Paz, celebrada el día uno de enero, no hemos de olvidar la responsabilidad de todo cristiano para construir un mundo en paz. Que nuestra oración suba hoy hasta nuestro Padre Dios, para que nuestros días transcurran en su paz.                  

X Francesc Xavier, Obispo de Lleida