El secret de la felicitat

El secreto de la felicidad

24 Diciembre 2006 

Un día le dijeron que la felicidad era un tesoro y empezó a buscarlo. Primero se movió por el terreno del placer; después se aficionó al poder y a las riquezas; después, recorrió los caminos de la fama y de la gloria. Continuó en la búsqueda de la felicidad, dejándose llevar por el orgullo, por la pereza y por todo lo que estaba a su alcance.  

A la vuelta de un camino vio un cartel que decía: “Tienes dos meses de vida”. Aquel hombre, cansado y aburrido de su vida, dijo: “Estos dos meses que me quedan de vida, conviviré con los de casa; compartiré toda mi experiencia y saber.” 

Y aquel buscador incansable de la felicidad solo al fin de sus días descubrió la grandeza de su interior, la capacidad de compartir, la posibilidad de darse a los demás, el valor de la renuncia que hacía de si mismo en el servicio a los otros. Aquel era el tesoro que tanto había deseado. Comprendió que para ser feliz, hay que amar, se ha de aceptar la vida como nos viene, se ha de disfrutar con lo sencillo y con lo valioso, se han de tener razones para vivir y para descansar. 

Entendió que la felicidad fluye del corazón, con el rocio del afecto y de la ternura. Estos son instantes y momentos de plenitud y de bienestar, que están ligados a la manera de ver a las personas y de relacionarse con ellas. Que sólo Dios es la fuente suprema de la alegría, porque Él es. Finalmente descubrió que cada edad tiene su propia medida de felicidad y que sólo Dios es la fuente suprema porque Él es Amor, Bondad, Reconciliación, Perdón, Donación total. 

Y en su mente recordó aquella sentencia que dice: ”¡Cuanto disfrutamos con lo poco que tenemos y cuanto sufrimos por las cosas que deseamos!” 

De rodillas, ante la cueva de Belén, podemos contemplar el secreto de la felicidad: una historia sencilla, humilde, llena de gratuidad. Dios ha querido plantar su tienda entre nosotros para ayudarnos a salir de nuestra miseria y elevarnos a la grandeza de Dios. Por el Niño de Belén somos hijos en el Hijo. Feliz Navidad con esta buena noticia!                        

X Francesc Xavier, Obispo de Lleida