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Entre todos, construimos la Iglesia 19 Noviembre 2006 La Iglesia es la familia de los hijos y de las hijas de Dios. Por el sacramento del Bautismo, incorporados a Cristo, somos hermanos y hermanas. Cuando estos lazos de fraternidad son serios, los hermanos y hermanas no pueden soportar que otros miembros sufran. Nuestra Iglesia está llamada por Dios para que sea una fraternidad. Desde esta exigencia hemos de construir nuestra Iglesia, compartiendo los bienes materiales y espirituales. Esta fraternidad la ejercemos de muchas maneras: dando parte de nuestro tiempo, ofreciendo una cantidad de dinero, colaborando con los organismos de apostolado. Todos tenemos cualidades que poner al servicio de los demás. Hay una forma de ayudar a la Diócesis, que no se tiene suficientemente en cuenta y que tiene gran importancia. Esta forma consiste en poner la cruz en la declaración de la renta, en la casilla donde se expresa la voluntad de que una parte de nuestros impuestos sean destinados a las necesidades de la Iglesia Católica. Actuar de esta manera es una exigencia de coherencia. El gran rey de todas las cosas había anunciado una gran fiesta en su palacio. Todas las virtudes estaban invitadas. Intervinieron muchas, pequeñas y grandes Se notaba la fe, arropada con un manto verde, la justicia con las balanzas y la fortaleza, la paciencia. Las virtudes estaban muy animadas, comentando los hechos. Pero, de golpe, el rey supremo se dio cuenta de que dos de aquellas virtudes se miraban como si no se conocieran. Como señor perfecto de toda la casa, cogió a una y la llevó ante la otra. “La beneficencia,” dijo llamando a la primera. Después, presentando la segunda, añadió: “La gratitud”. Las dos virtudes quedaron confusas. Desde la creación del mundo, época ya lejana, se encontraban por primera vez. La beneficencia pide gratitud. Y ésta ha de ser la respuesta normal a aquélla. Seamos coherentes con nuestra condición de miembros de la Iglesia Católica, ella nos ha dado y nos da lo mejor que somos. Gracias a ella somos hijos e hijas de Dios; hemos conocido a Cristo Salvador, podemos escuchar la Palabra de Dios; ayudamos a los más pobres. Que a la beneficencia de la Iglesia corresponda nuestra gratitud. X Francesc Xavier, Obispo de Lleida |