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Con un amor filial 1 Octubre 2006 Había un payaso que iba por los pueblos distrayendo a la gente con sus parodias burlescas. Un día decidió hacerse monje. La gracia de Dios le había convertido. Los monjes le acogieron, encomendándole los trabajos más humildes. Lavar platos, arrancar hierbas del jardín. Él se dedicó a ello con todo celo y alegría. Una mañana estaba solo en la Iglesia. Con la fregona y un cubo, fue hasta el altar de la Madre de Dios. Quería ofrecerle alguna cosa. Pero, ¡qué podía ofrecer aquel pobre payaso! Los monjes del monasterio, tan sabios, tan instruidos en la palabra de Dios, tan rezadores podían ofrecerle unos trabajos bonitos y dignos, pero él que no era nada, que no sabía nada ¿qué podía ofrecer? Mientras rumiaba todo esto, miró el rostro del niño Jesús, que la Virgen tenía en brazos. El divino Niño le sonreía. Él pensó que el Niño Jesús era un sencillo Niño y se sintió movido a comportarse como lo había hecho tantas veces delante de ellos. Y allí mismo repitió sus gestos e imitaciones que hacían reír a los niños. Pasó el tiempo sin que se diera cuenta. Un monje entró en el templo y se colocó tras una columna, desde allí contempló los exagerados gestos, que invitaban a reír. Aquello no era un juego pueril, no era un número de teatro, sino algo serio, decente, noble. Una expresión de sentimientos filiales, sinceros y salidos del corazón. Dice la leyenda que acabada la representación, la Virgen de piedra se inclinó y cogiendo su manto con un gesto maternal, enjugó el rostro del payaso. Estamos en el mes de octubre. Uno de los meses para llevar flores a la Madre de Dios. Quizás nos pase como al payaso y no podamos presentar grandes cosas. Pero es seguro que podemos ofrecerle el rezo del Santo Rosario, la puntualidad en el cumplimiento de las obligaciones, dejar un libro a un amigo, sonreír al entrar en casa cansados, visitar aquel familiar enfermo. “Tonterías”, puede decir alguno. Es posible. Pero seguramente hacen sonreír a la Madre de Dios y al Niño Jesús. Como las sencillas parodias del payaso. X Francesc Xavier, Obispo de Lleida |