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Dignificar la caridad 17 Septiembre 2006 El día 22 del presente mes, Cáritas diocesana inaugura su nueva sede, destinada a atender a los necesitados. Y quiere hacerlo con aquella discreción y delicadeza, que usa Jesús en su trato con los pobres. Jesús nunca actuaba desde la prepotencia y el paternalismo, sino con sencillez eficaz. Mi preocupación y la de los dirigentes de Cáritas ha sido hacer más eficaz nuestra atención a los pobres. Por tanto se ha buscado la funcionalidad, y que los voluntarios y profesionales puedan realizar su tarea asistencial y de promoción social de una forma digan y actualizada. Hasta ahora, todo este trabajo se ha realizado con gran precariedad de medios y gracias a la generosidad de sus profesionales y voluntarios. También hemos de agradecer la colaboración generosa de la Paeria que compró el edificio que había sido el templo de San Pablo, propiedad de la Diócesis. Ésta se obligaba a utilizar el producto de aquella venta en la construcción de un nuevo edificio que centralizase toda la acción social (de asistencia y de promoción) de la Iglesia. Además, desde que, por el peligro de derrumbe, se abandonó el edificio de la plaza de San José, Cáritas ha realizado su cometido utilizando, unas instalaciones del antiguo convento de Santa Clara, propiedad del Ayuntamiento. La inauguración de las nuevas instalaciones de Cáritas debería de impulsar una renovación de esta institución tan necesaria para la vida y misión de la Iglesia. Caritas ha de continuar, en este mundo tan contradictorio, dividido y llagado, la acción sanadora de Cristo. Él ha de continuar siendo el “buen samaritano”, que se compadece de nosotros y nos auxilia en el camino de la vida. Por esto, Cáritas, como continuadora de la acción compasiva de Cristo, ha de recibir nuestro apoyo y nuestra ayuda. Seamos generosos con Cáritas. La inauguración del nuevo edificio de Cáritas ha de suponer no sólo una mejora de sus instalaciones sino una atención más personalizada a cualquiera que necesite de nuestra ayuda. Los necesitados son personas como nosotros. Y como nosotros son hijos e hijas de Dios. Ellos, por este doble título, tienen derecho a ser tratados con la dignidad que las nuevas instalaciones significan. X Francesc Xavier, Obispo de Lleida |