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Familia y gratuidad 9 Julio 2006 El Papa ha venido a Valencia para presidir la Celebración Eucarística, que clausurará el V Encuentro Mundial de las Familias, que tiene como lema “La transmisión de la fe en la familia”. Tema importante. De él se habla desde hace tiempo. Y cuando se trata, se cae en un pesimismo amargo. Como si ya no se pudiera hacer nada porque la familia hubiera perdido su papel relevante en este tema no sabiendo adaptarse a los nuevos tiempos o porque a nuestro mundo ya no le interesa Dios. Es cierto que en nuestra sociedad se han dado muchos cambios. Y algunos, hemos de reconocer que para bien. Ha crecido la vivencia de la fe como opción personal y libre. Las personas son acogidas y respetadas. Nadie se siente dispensado de buscar su camino porque no ha de limitarse a seguir los pasos de los otros. Los miembros de las familias son más libres para escoger su esposo o esposa. Sin embargo, la familia, como comunidad de vida y de amor y como lugar donde se experimenta qué es el amor gratuito, desinteresado, no ha perdido su vigencia. Más bien, creo que la ha aumentado. Porque ha ido descubriendo que el designio inicial de Dios es el mejor. El matrimonio como unión estable de un hombre y una mujer, seres diferentes pero complementarios. Y cuando el amor entre el hombre y la mujer va bien, los frutos son abundantes porque no hay nada más eficaz que el testimonio, que la vida compartida con amor fiel y fecundo. Mientras la gratuidad sea el estilo del amor, la familia seguirá siendo el lugar del don recibido y dado. Tenían dos hijos. Era un matrimonio joven. Un viernes los padres salieron. Encargaron al hijo mayor (doce años), que cuidara de su hermano pequeño. Al final le pasó factura a la madre. En un papel escribió: porque ha llorado, cinco euros; porque le he dado la cena, cinco euros; porque le he dado agua, dos euros; porque no me ha dejado tranquilo, seis euros; porque he tenido que limpiarle, dos euros; total 20 euros. Cuando llegaron los padres, la madre vio la factura y dejó veinte euros y escribió en un papel: Por haberte llevado nueve meses, un regalo. Porque sólo vivo para ti, un regalo; siempre un regalo. La madre dejó los euros y el papel al hijo. El hijo entendió la lección de la madre. La familia, lugar de virtudes y de gratuidad, no puede pasar nunca. La necesitamos porque confiamos en ella. X Francesc Xavier, Obispo de Lleida |